Satélites climatológicos detectaron una anomalía térmica de gran escala frente al Pacífico sudamericano y crece la preocupación por lluvias extremas, inundaciones, sequías y nuevos récords de temperatura. Científicos advierten que el fenómeno podría intensificarse hacia fin de año y alterar el clima global
Las primeras señales de un nuevo fenómeno de El Niño ya están en marcha y la comunidad científica internacional observa con preocupación lo que ocurre en el océano Pacífico. La agencia norteamericana Administración Nacional para la Aeronáutica y el Espacio (NASA) detectó una gigantesca masa de agua cálida desplazándose hacia las costas de Sudamérica, un proceso que podría derivar en un episodio climático de gran intensidad durante los próximos meses.
El hallazgo fue realizado mediante el satélite Sentinel-6 Michael Freilich, que monitorea el nivel del mar con precisión milimétrica. Los registros revelaron la formación y avance de ondas Kelvin cálidas, enormes pulsos de agua caliente que se desplazan bajo la superficie oceánica y suelen anticipar la llegada de El Niño.
Los datos muestran que el nivel del mar frente a Perú ya supera en más de 15 centímetros los promedios históricos, una señal inequívoca de que el océano está acumulando calor de manera acelerada.
Un fenómeno que puede alterar el clima del planeta
El Niño no es un evento menor ni aislado. Se trata de un fenómeno climático global capaz de modificar los patrones atmosféricos y alterar el comportamiento del clima en distintas regiones del mundo.
Sus consecuencias suelen sentirse con fuerza en Sudamérica, donde puede provocar lluvias torrenciales, inundaciones y tormentas severas, mientras otras zonas enfrentan sequías extremas, incendios forestales y olas de calor persistentes.
Los especialistas recuerdan que los eventos más intensos de El Niño dejaron impactos devastadores en distintos continentes. El episodio de 2015-2016, por ejemplo, estuvo asociado a inundaciones históricas, pérdidas agrícolas masivas y temperaturas récord a escala global.
La advertencia de la NASA
Los científicos explican que el calentamiento del agua provoca una expansión del océano, elevando la superficie marina. Esa alteración puede ser detectada desde el espacio incluso antes de que los cambios climáticos comiencen a sentirse plenamente en tierra.
Josh Willis, investigador del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL), advirtió que el fenómeno de este año comenzó más tarde que otros grandes eventos históricos, aunque está ganando intensidad rápidamente.
“Veremos hasta dónde llega”, señaló el especialista, mientras los equipos científicos siguen de cerca la evolución de las anomalías térmicas en el Pacífico ecuatorial.
Ondas Kelvin: el pulso oculto del océano
El proceso actual se originó tras alteraciones en los vientos alisios del Pacífico. Cuando esos vientos se debilitan o cambian de dirección, enormes masas de agua caliente comienzan a desplazarse desde el oeste hacia Sudamérica.
Ese movimiento genera las llamadas ondas Kelvin cálidas, verdaderos “ríos submarinos” de calor que viajan durante semanas hasta impactar frente a las costas de Colombia, Ecuador y Perú.
Las observaciones satelitales detectaron una primera onda a comienzos de año cerca de Micronesia. Aunque inicialmente se disipó, una segunda ola mucho más intensa apareció en marzo y continuó fortaleciéndose hasta alcanzar Sudamérica durante mayo.
Lo peor podría llegar hacia fin de año
Los especialistas advierten que todavía es temprano para medir la magnitud final del fenómeno, aunque las señales actuales son suficientemente importantes como para encender las alertas.
Históricamente, El Niño alcanza su máxima intensidad entre noviembre y enero. Eso significa que los efectos más severos —tormentas extremas, inundaciones, calor récord o sequías prolongadas— podrían manifestarse con fuerza durante el verano austral.
La preocupación también crece por el impacto económico. El fenómeno suele afectar la producción agrícola, alterar la pesca, generar daños en infraestructura y disparar pérdidas millonarias en distintos países.
Satélites que vigilan el océano desde el espacio
El seguimiento del fenómeno se realiza a través del Sentinel-6 Michael Freilich, un satélite desarrollado en cooperación entre la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA), NOAA y el programa Copernicus de la Unión Europea.
El sistema cartografía la altura del océano cada diez días y permite detectar variaciones mínimas imposibles de observar desde tierra.
Gracias a esa tecnología, los científicos pueden anticipar fenómenos extremos con meses de anticipación y mejorar los sistemas de prevención frente a eventos climáticos cada vez más intensos y frecuentes.


























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