Pese a los beneficios extraordinarios del RIGI, las desregulaciones y el ajuste impulsado por el gobierno de Javier Milei, la Argentina terminó 2025 en el último lugar de América Latina en captación de inversiones extranjeras. Mientras Brasil y México multiplican el ingreso de capitales, el modelo libertario exhibe fuga de divisas, caída del mercado interno y un creciente deterioro productivo
La promesa libertaria de convertir a la Argentina en un paraíso para las inversiones extranjeras empieza a chocar de frente con la realidad. A pesar de las desregulaciones, los beneficios fiscales inéditos y el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el país terminó 2025 con el peor desempeño de América Latina en materia de Inversión Extranjera Directa (IED).
Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) desnudan el contraste entre el relato oficial y los resultados concretos: Argentina recibió apenas 3.134 millones de dólares de inversión extranjera neta durante el último año. Brasil captó 76.877 millones y México 40.871 millones. Incluso economías mucho más pequeñas, como Costa Rica, superaron ampliamente al país gobernado por Javier Milei.
El cuadro golpea de lleno sobre uno de los pilares discursivos del oficialismo: la idea de que la apertura irrestricta de la economía, la reducción del Estado y los privilegios fiscales para grandes corporaciones serían suficientes para atraer una “lluvia de inversiones”. Esa lluvia nunca llegó.
Por el contrario, distintos informes advierten que el esquema económico libertario profundizó problemas estructurales que desalientan la inversión productiva: caída del consumo, derrumbe de la obra pública, falta de crédito, apreciación cambiaria y deterioro de la competitividad industrial.
El relevamiento elaborado por el grupo Misión Productiva, basado en datos de la OCDE, sostiene que el RIGI tampoco logró modificar la tendencia. A pesar de los enormes beneficios tributarios, cambiarios y aduaneros otorgados a grandes grupos económicos —muchos de ellos garantizados por décadas—, los capitales que ingresaron se concentraron en proyectos puntuales vinculados a recursos naturales y energía, sin derramar sobre el resto de la economía.
“El contraste refleja las dificultades persistentes de la Argentina para consolidarse como destino de capital productivo de largo plazo”, señala el informe. La advertencia resulta especialmente incómoda para un gobierno que convirtió al RIGI en emblema de su política económica.
La explicación aparece en otro dato central: no existe inversión sostenida sin mercado interno. Con salarios deteriorados, consumo en retroceso y capacidad industrial ociosa, las empresas no encuentran incentivos para expandirse ni producir a largo plazo. El propio informe remarca que ningún país logró desarrollarse únicamente a partir de beneficios fiscales o desregulaciones extremas.
El panorama empeora cuando se observan los movimientos de capitales del último trimestre de 2025. Según el Banco Central, hubo una salida neta de inversión extranjera directa por 4.687 millones de dólares. En otras palabras: salieron más divisas de las que entraron.
Gran parte de esos egresos se explican por cancelaciones de deuda entre filiales locales y casas matrices, además de la remisión de utilidades al exterior. La reinversión efectiva de ganancias fue mínima, lo que vuelve a mostrar la fragilidad del esquema económico.
Pese a los resultados negativos, el Gobierno insiste en profundizar la misma receta. Ahora impulsa un “Súper RIGI”, un nuevo régimen de beneficios extraordinarios destinado a grandes proyectos tecnológicos e industriales. La iniciativa prevé rebajas impositivas, ventajas aduaneras y condiciones especiales para inversiones superiores a los 1.000 millones de dólares.
Las críticas no tardaron en aparecer. Especialistas y sectores productivos advierten que el nuevo esquema podría consolidar un modelo extractivo y altamente concentrado, diseñado a medida de grandes corporaciones internacionales, sin generar desarrollo amplio ni fortalecimiento del entramado PyME.
Mientras tanto, la economía real continúa mostrando señales de deterioro. Y los números oficiales empiezan a revelar que la “aventura libertaria”, lejos de atraer inversiones masivas, hace agua incluso en el terreno donde prometía ser más exitosa.


























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