La escena parecía salida de otra época. Bajo la lluvia, desde la madrugada y con termos, sillas y currículums en bolsas de nylon para que no se mojaran, más de 3.000 personas hicieron una fila interminable frente a un frigorífico de Moreno con la esperanza de conseguir uno de los apenas 60 puestos de trabajo disponibles

























