Sin obra social, sin seguros y trabajando hasta 15 horas por día, miles de repartidores sostienen una de las economías que más creció con las apps, pero también una de las más desreguladas. En Rosario ya estiman unos 9 mil trabajadores en un sector atravesado por la crisis, el pluriempleo y la ausencia estatal
La postal de mochilas térmicas acumuladas en esquinas, shoppings y corredores gastronómicos ya forma parte del paisaje urbano rosarino. Pero detrás de esa imagen cotidiana se esconde una realidad cada vez más dura: repartidores que pasan más de medio día arriba de motos y bicicletas para conseguir ingresos mínimos, sin derechos laborales básicos ni protección frente a accidentes o robos.
El secretario general del Sindicato de Cadetes y Repartidores de Rosario, Nicolás Martínez, advirtió que la actividad “se convirtió en refugio laboral de la crisis” y aseguró que cada vez más personas expulsadas del empleo formal —incluidos docentes, profesionales y hasta jubilados— recurren a las aplicaciones para sobrevivir.
Según explicó, hace algunos años una jornada de ocho horas alcanzaba para sostener ingresos mínimos, pero hoy muchos trabajadores necesitan pasar entre 14 y 15 horas conectados para compensar la caída del consumo, la sobreoferta de repartidores y las tarifas cada vez más bajas que pagan las plataformas. “Hay más personas y menos trabajo”, resumió el dirigente, quien además denunció que las empresas operan sin asumir responsabilidades laborales, mientras los costos de motos, seguros, combustible y accidentes recaen completamente sobre los trabajadores.
Frente a este escenario, el gremio reclama actualizar una ordenanza municipal que tiene casi 20 años y ni siquiera contempla el funcionamiento de las apps, además de exigir controles estatales, seguros obligatorios y espacios seguros de descanso. En paralelo, un grupo de repartidores comenzó a organizar una cooperativa como alternativa al modelo de algoritmos y competencia permanente impuesto por las plataformas.


























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