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Treinta años acompañando en silencio: Narcóticos Anónimos será distinguida en el Concejo

Lejos de los discursos rimbombantes y de las políticas públicas que muchas veces llegan tarde, hay organizaciones que trabajan en silencio. Una de ellas es Narcóticos Anónimos, que este martes cumple 30 años de presencia en Rosario y será distinguida por el Concejo Municipal.

El acto —abierto a la comunidad— no sólo celebra una trayectoria, sino que reconoce un modelo de acompañamiento que se sostiene desde hace décadas: grupos de ayuda mutua, gratuitos, anónimos y sin afiliación política o religiosa, donde el único requisito para participar es el deseo de dejar de consumir.

En la ciudad y el Gran Rosario funcionan cerca de una treintena de espacios que se reúnen diariamente, ofreciendo contención a personas que atraviesan consumos problemáticos. Allí, la lógica es horizontal: la experiencia personal se convierte en herramienta colectiva, en un proceso donde quienes transitaron el problema acompañan a quienes buscan salir.

Un crecimiento desde abajo

La historia local de la organización se remonta a mediados de los años 90, cuando comenzaron a formarse los primeros grupos en la ciudad. Con el paso del tiempo, la organización se extendió de manera sostenida, alcanzando no sólo Rosario sino también localidades del área metropolitana.

A diferencia de otros dispositivos, no hay profesionales ni estructuras jerárquicas tradicionales: el sostén es comunitario, basado en la confidencialidad y la identificación entre pares. Esa lógica, que para muchos es su mayor fortaleza, también explica por qué su trabajo suele quedar fuera del radar público.

El valor de lo invisible

El reconocimiento en el Concejo llega en un contexto donde los consumos problemáticos ocupan cada vez más espacio en la agenda pública, atravesados por la violencia, la exclusión y la falta de respuestas integrales.

En ese escenario, el trabajo de organizaciones como Narcóticos Anónimos aparece como una red de contención paralela, que no reemplaza al Estado pero muchas veces llega donde las políticas no alcanzan.

El mensaje que sostienen desde hace 30 años es simple, pero potente: cualquier persona puede dejar de consumir y reconstruir su vida.

Más allá del reconocimiento

La distinción institucional pone en valor una trayectoria, pero también abre una pregunta más amplia: qué lugar ocupan estas organizaciones en una ciudad donde los consumos problemáticos siguen creciendo.

Porque detrás del acto y las palabras, hay una realidad que no cambia: grupos que se reúnen todos los días, en distintos puntos de Rosario, sosteniendo en silencio un trabajo que —para muchos— es el primer paso hacia una salida.