Bienvenidos a Todavía no es tarde

Colectivos a gas: Rosario apuesta a renovar la flota en medio de la crisis del transporte

En medio de un sistema de transporte urbano tensionado por la crisis económica, el municipio de Rosario puso en marcha la compra de 45 colectivos cero kilómetro impulsados íntegramente a GNC, una apuesta inédita en la ciudad que busca aliviar costos y renovar la flota.

La incorporación de estas unidades se enmarca en un proceso más amplio de recambio: en los últimos meses ya se sumaron más de 200 coches nuevos, con el objetivo de mejorar la frecuencia y calidad del servicio.

Menos costos, mismo problema estructural

El giro hacia el gas natural no es casual. El sistema de transporte viene golpeado por el aumento sostenido del combustible y la reducción de subsidios nacionales, lo que dejó a las ciudades del interior en una situación crítica frente al AMBA.

En ese contexto, el GNC aparece como una alternativa: permite reducir significativamente los costos operativos y también las emisiones contaminantes, alineándose con tendencias que ya avanzan en otras ciudades del país.

Sin embargo, la medida apunta más a contener la crisis que a resolverla. El problema de fondo sigue siendo el mismo: un sistema que funciona con ingresos en caída, tarifas atrasadas respecto al costo real y una demanda que no logra recuperarse plenamente tras la pandemia.

Más demanda, menos respaldo

A la ecuación se suma otro factor: el crecimiento de usuarios que vuelven al transporte público por la crisis económica, en paralelo a un Estado nacional que redujo su participación en el financiamiento del sistema.

Esto obliga a los municipios a sostener el servicio con recursos propios, en un esquema cada vez más desigual entre regiones. Rosario, como otras ciudades del interior, enfrenta así un doble desafío: mantener el servicio y evitar que el costo se traslade completamente al boleto.

Un cambio que recién empieza

La incorporación de colectivos a GNC marca un punto de inflexión en la política de movilidad local. No sólo implica una renovación tecnológica, sino también un intento de redefinir la sustentabilidad del sistema.

Pero el interrogante sigue abierto: si estas medidas alcanzarán para estabilizar el transporte o si, en un contexto de ajuste y menor asistencia nacional, la modernización será apenas un parche frente a un problema estructural más profundo.