Bienvenidos a Todavía no es tarde

El regreso de los guanacos al Chaco reabre un debate clave: ¿cómo y hasta dónde restaurar la naturaleza?

En el Parque Nacional El Impenetrable, cinco ejemplares fueron liberados tras un extenso proceso que incluyó su traslado desde la Patagonia —más de 3.000 kilómetros— y un período de adaptación previo.

La escena tiene algo de reparación histórica: los guanacos se habían extinguido en la región hace más de 100 años, principalmente por la caza y la transformación del hábitat.

El objetivo del proyecto, impulsado por organizaciones conservacionistas, es ambicioso. No se trata solo de recuperar una especie, sino de restaurar funciones ecológicas perdidas. Como gran herbívoro, el guanaco cumple un rol clave en la dinámica de los pastizales y en la cadena alimentaria del ecosistema chaqueño.

En ese sentido, desde el movimiento del rewilding sostienen que su presencia puede ayudar a regenerar ambientes degradados e incluso fortalecer el regreso de otros animales emblemáticos, como los grandes depredadores.

Qué es el “rewilding” y por qué genera debate

El rewilding —o “renaturalización”— es una estrategia de conservación que busca restaurar ecosistemas mediante la reintroducción de especies nativas que desaparecieron de un territorio. La idea es recuperar no solo animales, sino también las funciones ecológicas que cumplían. “No se trata solo de traer de vuelta una especie, sino de reconstruir interacciones clave del ecosistema”, explican especialistas citados por Mongabay. En Argentina, uno de los principales impulsores de estos proyectos es Rewilding Argentina, que trabaja en la recuperación de fauna en distintas regiones del país. Pero la práctica no está exenta de críticas. Algunos científicos advierten que estos procesos pueden generar impactos inesperados, sobre todo cuando implican traslados a grandes distancias o en ecosistemas que cambiaron significativamente. Según expertos consultados por Mongabay, “las reintroducciones deben evaluarse caso por caso, con evidencia científica sólida y monitoreo a largo plazo”. Entre la restauración ecológica y la intervención humana, el rewilding abre una pregunta de fondo: hasta qué punto es posible —y deseable— “recrear” la naturaleza.

Pero no todo es consenso

El mismo proyecto encendió alertas dentro de la comunidad científica. Algunos especialistas cuestionan la práctica de trasladar animales a largas distancias y advierten sobre posibles impactos no deseados, desde la introducción de enfermedades hasta la alteración genética de poblaciones.

La discusión no es menor: implica definir qué significa “restaurar” un ecosistema. ¿Se trata de volver a un estado pasado o de construir uno nuevo bajo condiciones actuales, marcadas por el cambio climático y la presión humana?

El caso del guanaco se da, además, en un contexto crítico para el Gran Chaco, uno de los ecosistemas más diversos y a la vez más amenazados del continente, con millones de hectáreas perdidas por el avance de la frontera agropecuaria en las últimas décadas.

Así, el regreso de esta especie emblemática funciona como símbolo y como dilema: mientras algunos lo celebran como un paso hacia la recuperación ambiental, otros advierten que intervenir la naturaleza también implica asumir riesgos. Entre la urgencia por restaurar y la necesidad de hacerlo con cautela, el debate sigue abierto.