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La estruendosa derrota de Víctor Orbán en Hungría marca los límites del populismo de derecha

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, reconoció su derrota electoral y abrirá paso a un cambio de gobierno inédito desde 2010, tras 16 años de dominio político. El triunfo del opositor Péter Magyar, líder del partido conservador Tisza, marca el fin de una etapa caracterizada por un modelo iliberal que había concentrado poder y tensionado la relación del país con la Unión Europea.

Aunque las encuestas anticipaban un resultado favorable a la oposición, la confirmación de la derrota generó un fuerte impacto simbólico dentro de Hungría. Para muchos ciudadanos, el desenlace fue vivido como un “cambio de régimen”. Desde Budapest, incluso hubo comparaciones con el clima social que acompañó la caída de la Unión Soviética, reflejando la magnitud política del giro.

En su discurso ante sus seguidores, Magyar afirmó: “Juntos reemplazamos el régimen de Orbán. Juntos liberamos a Hungría. Recuperamos nuestro país”. El dirigente, de perfil conservador pero con una orientación proeuropea, logró aglutinar a sectores diversos del electorado que, más allá de diferencias ideológicas, coincidieron en la necesidad de poner fin al ciclo del oficialismo.

La derrota de Orbán deja además varias lecturas políticas. Una de ellas es el límite del populismo basado en la confrontación permanente. Durante años, el gobierno húngaro sostuvo su narrativa en la identificación de enemigos externos —desde la Unión Europea hasta organizaciones civiles o el magnate George Soros—, pero sin lograr consolidar resultados económicos o sociales que contrapesaran ese discurso.

Otro factor clave fue la estrategia internacional del mandatario saliente. Pese a haber construido su liderazgo sobre la defensa de la soberanía nacional, en la campaña electoral recurrió al respaldo explícito de aliados extranjeros. El presidente estadounidense Donald Trump pidió públicamente el voto para Orbán, mientras que su vicepresidente JD Vance participó en actividades proselitistas en Budapest. También el presidente argentino Javier Milei viajó al país europeo para manifestar su apoyo. Sin embargo, esa internacionalización del respaldo no logró revertir la tendencia electoral.

El resultado tiene implicancias geopolíticas. Orbán era considerado un aliado dentro de la OTAN de posiciones cercanas tanto a Trump como al presidente ruso Vladimir Putin. Su salida fortalece a los sectores europeos más alineados con el bloque comunitario y abre una nueva etapa en la relación de Hungría con Bruselas. En ese sentido, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, celebró el resultado al señalar que el país “retoma su camino hacia Europa”.

La victoria de Magyar también deja una enseñanza para las fuerzas opositoras: la capacidad de construir mayorías amplias incluso sin coincidencias ideológicas plenas. En Hungría, sectores liberales y de izquierda respaldaron a un candidato conservador al considerarlo la alternativa más viable para desplazar a Orbán del poder.

Mientras se define la magnitud final de la mayoría parlamentaria y el proceso de transición, el nuevo gobierno enfrentará el desafío de desmantelar la estructura política construida durante más de una década y responder a las demandas internas que erosionaron al oficialismo. Para sus seguidores, sin embargo, esa será la próxima etapa: por ahora, la prioridad fue concretar un cambio que parecía improbable hasta hace poco tiempo.

El presidente electo de Hungría, Peter Magyar, festeja en Budapest.