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En 30 años se perdieron en el mundo más de 400 millones de hectáreas de bosques

En los 30 años transcurridos entre 1990 y 2020 se perdieron en el mundo más de 400 millones de hectáreas de bosques, especialmente en regiones tropicales de América, África y Asia, según un estudio del Consejo de Administración Forestal (FSC por sus siglas en inglés). Teniendo en cuenta que en todo el planeta la superficie cubierta de bosques –que albergan hasta el 80 % de la biodiversidad terrestre del planeta– es de unos 4.000 millones de hectáreas, el retroceso es de aproximadamente el 10 por ciento. La superficie perdida es equivalente a la de la Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay en conjunto.

El Forest Stewardship Council (FSC) es una organización internacional independiente sin fines de lucro dedicada a promover la gestión responsable y sostenible de los bosques a nivel mundial. Certifica productos forestales, garantizando que provienen de bosques gestionados con beneficios ambientales, sociales y económicos. Está integrada por una membresía diversa de organizaciones ecologistas, sociales, silvicultores, empresas madereras, organizaciones indígenas y entidades de control de calidad.

Responsables de la deforestación

Esta información fue revelada durante el acto de clausura del proyecto Bosques Vivos, realizado en Murcia, España. El documento final señala que la expansión agrícola y ganadera representa el 88 % de la deforestación global y a ello hay que sumar otros factores como el desarrollo urbano y la degradación de ecosistemas, con consecuencias que van desde la pérdida de recursos y biodiversidad hasta el aumento de la pobreza y la migración en zonas rurales.

De ahí concluye la necesidad de apoyar el Reglamento Europeo sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR), orientado a transformar el comercio internacional en favor de modelos más sostenibles.

Este reglamento ha sido uno de los principales puntos a examen durante la clausura de Bosques Vivos, una iniciativa que precisamente combina a ciudadanía y empresas para afrontar un problema en el que el consumo europeo es «un factor determinante en el aumento de la deforestación importada» que afecta a 10,9 millones de hectáreas anuales según datos de la FAO.

Garantizar la trazabilidad

Los expertos que han participado en este acto han destacado, entre las principales ventajas de esta «normativa pionera a nivel global», el fortalecimiento de la trazabilidad en las cadenas de suministro a través de mecanismos de control «sin precedentes» que incluyen seguimiento de los artículos mediante sistemas de geolocalización y verificación.

Además, el reglamento «refuerza el cumplimiento de las leyes en los países productores, mejora la gobernanza forestal y fomenta una mayor transparencia en los mercados», lo que contribuye a impulsar un comercio alineado con objetivos ambientales.

Al facilitar información más clara sobre el origen sostenible de cada producto, puede impulsar también cambios en los hábitos de consumo de los ciudadanos.

Por ello «marca un punto de inflexión en la lucha contra la deforestación» integrando criterios ambientales, sociales y económicos en el comercio global y abriendo la puerta a una transformación positiva del sector forestal.

En esta línea, el proyecto Bosques Vivos plantea una serie de acciones para reducir la deforestación importada incluyendo la promoción de asociaciones pequeñas, el aprovechamiento de incentivos para la producción sin degradación forestal, la implicación de mujeres en labores productivas o el establecimiento de sistemas fortalecidos de diligencia debida.

Más de la mitad de los bosques de todo el mundo, el 54 %, se concentra en cinco países –Brasil, Canadá, EEUU, Rusia y China– ,»todos, amenazados por la deforestación» principalmente para imponer otros usos al territorio, revela la responsable del programa de bosques del Foro Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), Diana Colomina.

Esta experta explica que, si bien estos ecosistemas cubren alrededor de 4.000 millones de hectáreas en el planeta, están sometidos a una gran presión, ya que la actual tendencia de su conservación es negativa «debido al modelo agroalimentario global, con la situación agravada por el cambio climático», lo que constituye un panorama incierto.