La gestión de Javier Milei analiza incluir la iniciativa en el paquete de cambios políticos que enviará al Congreso, en busca de destrabar resistencias y avanzar con modificaciones clave como las PASO
El Gobierno nacional evalúa incorporar el proyecto de “ficha limpia” dentro de la reforma política que prepara para enviar al Congreso, en una jugada orientada a sumar apoyos y destrabar negociaciones con sectores de la oposición.
La iniciativa, que apunta a impedir que personas con condenas por corrupción puedan presentarse a cargos electivos, aparece en este contexto como una herramienta de alto impacto simbólico y político. En la Casa Rosada confían en que su inclusión pueda facilitar acuerdos en torno a otros puntos más controvertidos del paquete.
Entre ellos, se destacan cambios en el sistema electoral como la posible eliminación de las PASO, una medida que genera resistencias en distintos bloques y que obliga al oficialismo a construir consensos más amplios.
En ese escenario, “ficha limpia” funciona como una suerte de moneda de negociación: un proyecto con respaldo en parte de la oposición que podría allanar el camino para avanzar con el resto de la reforma.
La estrategia del Gobierno busca así equilibrar una agenda ambiciosa con la necesidad de conseguir los votos en el Congreso, en un contexto de fuerte fragmentación política y negociaciones abiertas.
Sin embargo, la maniobra también expone las tensiones de fondo: mientras se impulsa una iniciativa con alto consenso social, su inclusión en el paquete abre interrogantes sobre si se trata de una convicción institucional o de una herramienta coyuntural para destrabar una reforma más amplia que sigue generando resistencias.


























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