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El bloqueo del Estrecho de Ormuz amenaza con encarecer los alimentos y genera alerta en países agrícolas como Argentina

La escalada del conflicto en Medio Oriente y el bloqueo del Estrecho de Ormuz comienzan a tener repercusiones que van mucho más allá del frente militar. La interrupción del tránsito marítimo en ese corredor estratégico está afectando la cadena global de suministro de fertilizantes, un insumo clave para la agricultura moderna, y genera preocupación por su posible impacto en la producción de alimentos y en los precios internacionales.

El estrecho, ubicado frente a la costa sur de Irán, es uno de los pasos marítimos más importantes del planeta. Por allí circula una porción significativa del comercio energético y de materias primas. Sin embargo, tras los recientes ataques en la región y el aumento de la tensión militar, el tráfico de buques se redujo drásticamente y varios incidentes contra embarcaciones encendieron las alarmas en el comercio internacional.

El problema no se limita al petróleo. Entre una cuarta parte y un tercio del comercio mundial de materias primas utilizadas para fabricar fertilizantes atraviesa ese paso marítimo. También pasa por allí alrededor del 35% de las exportaciones globales de urea y cerca del 45% del comercio de azufre, dos componentes esenciales para la producción de fertilizantes.

La importancia de la urea

La urea, en particular, es el fertilizante nitrogenado más utilizado del mundo. Su función es aportar nitrógeno a los cultivos para estimular su crecimiento y aumentar los rendimientos. De hecho, se estima que aproximadamente la mitad de la producción mundial de alimentos depende de fertilizantes sintéticos basados en nitrógeno. Sin ellos, las cosechas de cultivos básicos como trigo, maíz o arroz podrían caer de manera significativa.

Por eso, cualquier interrupción en el suministro tiene un efecto inmediato en el sistema agrícola global. Si los agricultores no pueden acceder a fertilizantes o si su precio se dispara, tienden a reducir su uso. Esa decisión suele traducirse en menores rendimientos por hectárea y, en consecuencia, en una menor oferta de alimentos en el mercado.

El impacto ya comienza a reflejarse en los precios. En los últimos días, la urea egipcia —uno de los valores de referencia en el mercado internacional— subió más de un 25%, hasta alcanzar alrededor de 625 dólares por tonelada, cuando la semana anterior se negociaba cerca de los 480 o 490 dólares.

La presión no proviene solo del comercio marítimo. La industria de fertilizantes depende en gran medida del gas natural, que representa entre el 60% y el 80% de los costos de producción de los fertilizantes nitrogenados. La guerra y los ataques a infraestructuras energéticas en la región ya están afectando esa variable. En Qatar, por ejemplo, una de las mayores instalaciones de gas tuvo que cerrar tras un ataque con drones, lo que agrava la tensión en el mercado.

El Golfo Pérsico concentra además algunas de las plantas de fertilizantes más grandes del mundo. Daños en instalaciones industriales o interrupciones prolongadas del transporte marítimo podrían reducir la oferta global y profundizar el aumento de los costos.

La cadela alimentaria

De prolongarse el bloqueo durante varias semanas, el efecto podría trasladarse rápidamente a la cadena alimentaria. Los productos derivados del trigo —como el pan o la pasta— serían de los primeros en reflejar la suba. Más adelante, también podrían encarecerse la carne, los huevos o el pollo, ya que el aumento del precio de los granos impacta en el costo del alimento para el ganado.

El antecedente más cercano fue la invasión rusa de Ucrania en 2022, que provocó un fuerte shock en los mercados agrícolas y energéticos. En ese contexto, los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas llegaron a aumentar más del 16% en algunos mercados.

Para la Argentina, uno de los principales productores y exportadores de alimentos del mundo, el escenario tiene una doble implicancia. Por un lado, un eventual aumento de los precios internacionales podría mejorar el valor de las exportaciones agrícolas. Pero al mismo tiempo, el encarecimiento de insumos clave como fertilizantes, energía y combustibles elevaría los costos de producción del sector.

El resultado es una ecuación compleja para los productores. Muchos sistemas agrícolas dependen de fertilizantes importados o de precios internacionales para planificar sus campañas. Si los costos suben de manera abrupta, los márgenes se reducen y las decisiones de inversión se vuelven más inciertas.

Por eso, analistas del sector advierten que una crisis prolongada en el Golfo podría terminar afectando no solo a los mercados energéticos, sino también al equilibrio del sistema alimentario global. En ese escenario, una guerra que hoy se libra con misiles y drones podría terminar impactando en algo mucho más cotidiano: el precio de los alimentos en todo el mundo.