En el Bosque de la Memoria, se realizó el tradicional acto de plantación de árboles a 50 años del golpe, en una ceremonia cargada de simbolismo, reflexión y compromiso colectivo
En el marco de un nuevo 24 de marzo, Rosario renovó uno de sus gestos más profundos y persistentes: la plantación de árboles en el Bosque de la Memoria, un espacio que crece año tras año como testimonio vivo frente al horror del terrorismo de Estado.
A cinco décadas del golpe de 1976, la ceremonia reunió a autoridades, organismos de derechos humanos, familiares de desaparecidos y vecinos, en un acto atravesado por el silencio respetuoso, la emoción y la necesidad de seguir construyendo memoria. Cada árbol plantado no sólo honra a las víctimas, sino que también simboliza la vida que persiste, la memoria que echa raíces y la búsqueda inclaudicable de verdad y justicia. En tiempos donde resurgen discursos que intentan relativizar el pasado, estos gestos colectivos adquieren una dimensión aún más potente: son una forma concreta de resistir al olvido y de afirmar, desde lo cotidiano, que la memoria sigue viva en la ciudad.
En ese marco, el intendente encabezó la ceremonia y puso el acento en el valor de los espacios de memoria como herramientas activas frente al negacionismo. Durante su intervención, remarcó que la ciudad sostiene un acuerdo colectivo para preservar estos ámbitos y transmitir, de generación en generación, no sólo el recuerdo de lo ocurrido durante la última dictadura, sino también las luchas que le dieron sentido a ese proceso histórico.
A 50 años del golpe de Estado, el mandatario advirtió además sobre un contexto particularmente desafiante, atravesado por discursos que buscan relativizar el pasado. En ese sentido, señaló que la indiferencia aparece hoy como uno de los principales riesgos sociales, tanto frente a lo ocurrido como respecto del otro, y la vinculó directamente con las causas que impulsaron a quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado.
En contraposición, destacó que en Argentina la memoria, la verdad y la justicia no se limitaron a consignas, sino que se consolidaron a través de juicios, pruebas y procesos judiciales que continúan aportando evidencia sobre lo sucedido. Bajo esa línea, subrayó la necesidad de sostener y profundizar esos avances como forma de enfrentar cualquier intento de negación.
La actividad en el Bosque de la Memoria volvió a poner en primer plano un ritual que combina homenaje y compromiso. Con más de 400 árboles ya plantados, el espacio se consolida como un símbolo vivo en la ciudad: cada ejemplar representa una historia, una ausencia y, al mismo tiempo, una apuesta a la vida y a la construcción de una memoria colectiva que se proyecta hacia el futuro.
El acto contó con la participación de autoridades provinciales y municipales, referentes institucionales, organismos de derechos humanos, familiares de víctimas y organizaciones sociales, en una convocatoria amplia que reafirmó el carácter colectivo de la jornada.
En paralelo, y como parte de las actividades previstas por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, el municipio dispuso la gratuidad del transporte urbano de pasajeros para facilitar la participación en la movilización central. Desde el mediodía y hasta la medianoche, miles de rosarinos y rosarinas pudieron trasladarse hacia la Plaza San Martín, punto de partida de una marcha que, tal como se anticipaba, terminaría siendo histórica por su masividad.
Así, entre árboles que echan raíces y multitudes que vuelven a ocupar las calles, Rosario reafirmó una vez más que la memoria no es un ejercicio del pasado, sino una construcción permanente que se sostiene con presencia, compromiso y comunidad.

























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