La organización religiosa dejó en manos de cada creyente la decisión de aceptar o donar glóbulos rojos, glóbulos blancos, plasma y plaquetas. El cambio alcanza una de sus posiciones doctrinales más conocidas, aunque mantiene la prohibición de las transfusiones de sangre completa
Una de las doctrinas más reconocibles de los Testigos de Jehová acaba de entrar en una nueva etapa. El Cuerpo Gobernante, máxima autoridad de la organización religiosa, anunció que sus miembros podrán decidir según su propia conciencia si aceptan o donan los cuatro componentes principales de la sangre: glóbulos rojos, glóbulos blancos, plasma y plaquetas.
La decisión, comunicada el 18 de septiembre, modifica una posición que la organización sostenía desde 1945 y que durante décadas estableció fuertes restricciones al uso médico de la sangre. El cambio no significa, sin embargo, que los Testigos de Jehová hayan abandonado por completo esa doctrina: la negativa a recibir transfusiones de sangre completa continúa vigente.
De una norma colectiva a una decisión personal
El aspecto más significativo de la modificación está precisamente en el lugar que ocupa ahora la conciencia individual. Hasta este cambio, la organización establecía una postura colectiva sobre los principales componentes sanguíneos. A partir de ahora, cada creyente podrá decidir si los acepta durante un tratamiento médico o si dona sangre con el propósito de que esos componentes sean utilizados para otra persona.
El Cuerpo Gobernante sostiene que la Biblia no establece de manera específica cómo deben resolverse estas situaciones médicas y, a partir de esa interpretación, considera que la decisión corresponde a cada Testigo y a su conciencia. Las congregaciones tampoco deberán intervenir en esas elecciones personales.
La distinción es importante porque no se trata simplemente de una autorización general para las transfusiones. La organización continúa diferenciando entre los componentes de la sangre y la sangre completa, cuya transfusión permanece rechazada por motivos religiosos.
Un año de cambios
El anuncio tampoco aparece aislado. En marzo de 2026, los Testigos de Jehová ya habían introducido otra modificación relevante al permitir que cada miembro decidiera si quería almacenar su propia sangre para utilizarla posteriormente en una cirugía u otro procedimiento médico. Hasta entonces, la organización mantenía una postura más restrictiva incluso frente a esa posibilidad.
La decisión de septiembre amplía ahora ese criterio a sangre proveniente de otras personas, aunque limitada a los cuatro componentes principales. En términos doctrinales, se trata de un segundo movimiento significativo en pocos meses sobre una cuestión que había permanecido prácticamente sin modificaciones durante décadas.
La evolución también muestra cómo las organizaciones religiosas pueden revisar la aplicación de determinados principios cuando aparecen nuevas preguntas vinculadas con la medicina. En este caso, los Testigos de Jehová mantienen como fundamento su interpretación bíblica del mandato de “abstenerse de sangre”, pero modifican la manera en que ese principio se aplica a determinados tratamientos médicos.
Una discusión que excede lo religioso
La cuestión tiene además una dimensión médica y jurídica que durante años generó controversias en distintos países. La negativa a las transfusiones de sangre de terceros planteó situaciones especialmente complejas cuando estaban involucrados tratamientos de emergencia, cirugías o pacientes que no podían expresar su voluntad.
La flexibilización anunciada ahora puede modificar parte de esos escenarios, al menos respecto de los componentes sanguíneos incluidos en la nueva disposición. Pero la controversia no desaparece: la sangre completa continúa fuera de la nueva libertad de elección y, por lo tanto, permanece vigente una diferencia sustancial respecto de los protocolos transfusionales habituales.
La organización afirma que sus miembros buscan recibir atención médica eficaz y que no practican la curación por fe. Su nueva posición sostiene que las decisiones relacionadas con los componentes sanguíneos pertenecen al ámbito de la conciencia personal y que las congregaciones deben respetarlas.
El cambio también vuelve a poner en primer plano una pregunta más amplia sobre los límites entre las convicciones religiosas, la autonomía individual y las decisiones sanitarias. En este caso, una organización que durante ochenta años sostuvo una postura colectiva sobre uno de los tratamientos médicos más habituales acaba de trasladar una parte significativa de esa decisión al individuo.
Más que el abandono de una doctrina, lo que se observa es una reformulación de sus límites. Y el hecho de que ocurra en dos etapas durante un mismo año convierte a 2026 en un momento particularmente significativo para una comunidad religiosa que reúne a más de nueve millones de personas en todo el mundo.

























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