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Japón supera por primera vez los 100.000 centenarios y vuelve a desafiar los límites de la longevidad

Japón acaba de atravesar una frontera demográfica que hasta hace algunas décadas parecía extraordinaria: por primera vez, el país superó las 100.000 personas de 100 años o más. El número de centenarios llegó a 99.763 mujeres y 11.979 hombres, según los datos oficiales difundidos en septiembre, lo que eleva el total a más de 111.000 personas.

La cifra no es solamente una curiosidad estadística. Japón lleva décadas experimentando un aumento sostenido de la esperanza de vida y se convirtió en uno de los países con mayor proporción de población anciana del mundo. La cantidad de centenarios, de hecho, no dejó de crecer durante más de medio siglo.

Cuando comenzaron a elaborarse estos registros, en 1963, apenas había 153 personas de 100 años o más en todo el país. En 1981 ya eran más de 1.000; en 1998 superaban las 10.000 y en 2015 habían alcanzado las 60.000. El salto posterior muestra hasta qué punto cambió la estructura de la sociedad japonesa.

El secreto no está en una sola explicación

La longevidad japonesa no puede atribuirse a un único factor. Durante buena parte del siglo XX, el país experimentó mejoras importantes en alimentación, higiene, vivienda y acceso a la atención médica. La expansión de los sistemas de salud y la prevención de enfermedades también contribuyeron a que más personas alcanzaran edades avanzadas.

La alimentación tradicional japonesa suele aparecer asociada a este fenómeno. Una dieta con abundancia de pescado, vegetales, arroz y otros alimentos poco procesados ha sido vinculada con menores riesgos de determinadas enfermedades. Pero reducir la longevidad a la comida sería simplificar una transformación mucho más amplia.

También influyeron el descenso de la mortalidad infantil, el control de enfermedades infecciosas y una mejora general de las condiciones materiales de vida. El resultado acumulado durante generaciones fue una población que no solamente vive más, sino que tiene una proporción cada vez mayor de personas que alcanza edades extraordinarias.

Cuando vivir más cambia una sociedad entera

El récord de centenarios también tiene una contracara. Japón es uno de los países donde el envejecimiento poblacional plantea con mayor intensidad preguntas sobre el futuro de los sistemas de jubilaciones, la atención sanitaria, los cuidados y el mercado laboral.

La cuestión no consiste únicamente en cuántas personas llegan a los 100 años, sino en cuántas personas llegan a edades avanzadas y necesitan diferentes niveles de asistencia. Una sociedad longeva debe reorganizar sus estructuras para responder a una realidad en la que las generaciones mayores ocupan un espacio cada vez más importante.

Al mismo tiempo, Japón enfrenta una baja tasa de natalidad. La combinación entre menos nacimientos y mayor longevidad modifica la relación entre población activa y población retirada. Hay menos trabajadores disponibles para sostener sistemas que deben atender a un número creciente de personas mayores.

El fenómeno obliga incluso a replantear qué significa hoy la vejez. Llegar a los 100 años ya no aparece únicamente como una excepción biológica, sino como una posibilidad que, aunque todavía poco frecuente, forma parte de la nueva estructura demográfica japonesa.

Las mujeres son mayoría

La distribución entre hombres y mujeres es otro de los datos llamativos. La enorme mayoría de los centenarios japoneses son mujeres, una diferencia que también aparece en otros países y que está relacionada con la mayor esperanza de vida femenina.

Entre quienes superaron los 100 años en Japón, las mujeres representan cerca del 90%. La brecha se explica, entre otros factores, por diferencias biológicas, epidemiológicas y de comportamiento acumuladas a lo largo de la vida.

Así, la imagen del centenario japonés no responde a un perfil único. Son personas que atravesaron prácticamente todo el siglo XX y llegaron a conocer transformaciones radicales: desde la reconstrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial hasta la revolución tecnológica y la actual sociedad digital.

El desafío de vivir más y vivir mejor

El verdadero interrogante que plantea el récord japonés quizá no sea cuánto puede prolongarse la vida humana, sino cómo conseguir que esos años adicionales estén acompañados por autonomía, salud y vínculos sociales.

La longevidad es uno de los grandes logros de las sociedades modernas, pero también obliga a modificar instituciones pensadas para una época en la que vivir hasta los 80 o 90 años era mucho menos frecuente. Trabajo, vivienda, transporte, salud, cuidados y relaciones familiares deben adaptarse a una población que permanece activa durante más tiempo.

Japón funciona así como una suerte de laboratorio demográfico para el resto del mundo. Lo que hoy parece una particularidad japonesa podría convertirse progresivamente en una realidad para otros países a medida que aumente la esperanza de vida y disminuya la cantidad de nacimientos.

Superar los 100.000 centenarios es, entonces, mucho más que una cifra llamativa. Es la fotografía de una sociedad que aprendió a vivir más tiempo y que ahora enfrenta una pregunta todavía más compleja: cómo construir una vida larga que también pueda ser una buena vida.