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Rosario puso a prueba su capacidad turística y los Suramericanos ya dejan números concretos

Rosario atraviesa una de las semanas de mayor movimiento turístico de los últimos años. Entre el 14 y el 20 de septiembre, durante la primera etapa de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, más de 135.000 visitantes llegaron a la ciudad, según el relevamiento realizado por el Observatorio de Turismo del Ente Turístico Rosario (ETUR). El movimiento estuvo acompañado por una ocupación hotelera que alcanzó el 100% en los establecimientos de cinco estrellas y superó el 90% en los de cuatro, con picos del 95%.

El impacto económico estimado para ese período alcanzó los $11.180 millones, una cifra que incluye el movimiento asociado a alojamiento, gastronomía, transporte y otros servicios vinculados con la llegada de visitantes. El dato adquiere particular relevancia en una ciudad donde varios de esos sectores vienen atravesando una etapa de menor consumo y actividad.

La magnitud del movimiento también permite dimensionar algo que durante la competencia se percibe en las calles: los Juegos no movilizaron únicamente a atletas y delegaciones. A la ciudad llegaron acompañantes, familiares, turistas y público interesado en las distintas disciplinas, mientras que la programación deportiva y cultural amplió los puntos de circulación más allá de los escenarios principales.

Hoteles llenos y una ciudad que recibió visitantes de distintos lugares

La ocupación fue especialmente alta en el segmento hotelero de mayor categoría. Los hoteles de cinco estrellas trabajaron con capacidad completa durante la primera semana, mientras que los de cuatro estrellas superaron el 90%. En las categorías restantes, la ocupación se ubicó entre el 87% y el 90%, acompañada por una fuerte demanda de departamentos destinados a alquiler temporario.

La procedencia de los visitantes también aporta una lectura interesante. El relevamiento realizado durante las actividades de los Fan Fest mostró una importante presencia internacional: el 65% de las personas encuestadas eran extranjeras. Entre quienes llegaron desde otras provincias aparecieron especialmente visitantes de Buenos Aires, Córdoba y distintos puntos de Santa Fe.

Para Rosario, ese componente internacional tiene un valor que va más allá del gasto realizado durante una semana. Los Juegos funcionan como una vidriera para una ciudad que busca consolidarse como destino de turismo deportivo y de eventos, una estrategia que depende en buena medida de demostrar que puede recibir grandes contingentes, alojarlos y ofrecerles una experiencia urbana satisfactoria.

El movimiento también se trasladó a los servicios. Empresas de traslados, alquiler de vehículos y vans registraron una demanda elevada durante los primeros días, en buena medida por las necesidades logísticas de atletas, equipos técnicos y visitantes. La gastronomía, por su parte, fue otro de los sectores que recibió el impacto directo de la llegada de público.

El verdadero desafío empieza cuando terminen los Juegos

Los números de esta primera semana son significativos, pero también tienen una característica que conviene no perder de vista: se trata de un movimiento extraordinario generado por un acontecimiento excepcional. La competencia terminará el sábado 26 de septiembre y difícilmente una ciudad pueda sostener de manera permanente un flujo turístico de estas dimensiones.

Por eso, el dato más interesante para Rosario no está solamente en cuántas personas llegaron, sino en qué capacidad tendrá la ciudad para aprovechar la experiencia adquirida y convertirla en nuevos eventos.

La propia Municipalidad ya comenzó a mirar ese escenario. En la agenda de las próximas semanas aparecen competencias deportivas, la Feria Internacional del Libro, el Festival Bandera y otras propuestas culturales que pueden mantener cierto nivel de circulación turística, aunque necesariamente en una escala diferente a la de los Suramericanos.

La cuestión es si los Juegos pueden funcionar como un punto de inflexión para una actividad que, en Rosario, tiene una característica particular: el turismo de eventos permite llenar hoteles y mover servicios incluso fuera de las temporadas tradicionales de vacaciones. Congresos, competencias, festivales y encuentros culturales pueden generar ese flujo durante distintos momentos del año y distribuir el movimiento entre sectores que no siempre tienen la misma demanda.

Una vidriera que Rosario deberá saber aprovechar

Hay otro elemento que excede las cifras económicas. La percepción de quienes visitaron la ciudad será parte del resultado final de los Juegos. Según el relevamiento municipal, las encuestas de satisfacción arrojaron resultados positivos y destacaron, entre otros aspectos, la posibilidad de desplazarse rápidamente entre distintos puntos de Rosario.

La dimensión urbana juega allí a favor. La concentración de hoteles, parques, escenarios deportivos, espacios culturales y sectores gastronómicos relativamente próximos permite que una ciudad de escala intermedia pueda ofrecer una experiencia diferente a la de grandes capitales donde las distancias condicionan buena parte de la estadía.

Durante estos días, además, algunos escenarios deportivos fueron colocados deliberadamente en lugares emblemáticos. La cancha de pelota vasca instalada junto al Monumento Nacional a la Bandera es un ejemplo de cómo la competencia puede utilizarse también para mostrar la ciudad y no solamente para organizar las disciplinas.

Ese es probablemente uno de los principales activos que dejan los Suramericanos. Rosario no solo recibió visitantes para ver deporte: puso parte de su paisaje urbano en escena frente a personas que, en muchos casos, nunca habían estado aquí.

La primera semana dejó números fuertes y una inyección significativa para sectores que necesitaban actividad. Pero el balance definitivo deberá medirse algo más adelante, cuando termine la competencia y pueda evaluarse cuánto de ese movimiento excepcional se transforma en nuevas visitas, nuevos eventos y nuevos negocios.

Por ahora, los Suramericanos demostraron algo concreto: cuando Rosario logra atraer un acontecimiento de escala internacional, el efecto se siente mucho más allá de las tribunas. Hoteles, restaurantes, transporte, alquileres temporarios y comercios forman parte de una cadena que puede convertir una competencia deportiva en un motor turístico para toda la ciudad. El desafío que queda planteado es convertir ese resultado puntual en una política sostenida de eventos que vuelva a poner a Rosario en el calendario regional.