Informes reservados citados por The New York Times revelan que Teherán conserva la mayor parte de sus bases y arsenales de misiles pese a los ataques de Washington e Israel. Mientras crece la preocupación por la escasez de municiones estadounidenses, el régimen iraní intensifica su estrategia de hostigamiento naval con enjambres de lanchas rápidas en el estrecho de Ormuz
La imagen de un Irán militarmente devastado, repetida durante semanas por el presidente estadounidense, Donald Trump, comenzó a resquebrajarse tras la difusión de nuevas evaluaciones de inteligencia norteamericanas que advierten que Teherán aún conserva una capacidad militar considerable, especialmente en torno al estratégico estrecho de Ormuz.
Según publicó The New York Times, informes clasificados elaborados por agencias de inteligencia de Estados Unidos sostienen que Irán recuperó acceso operativo a 30 de sus 33 emplazamientos de misiles ubicados sobre el estrecho, una de las rutas marítimas más sensibles del planeta y por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo consumido a nivel mundial.
Misiles, bases subterráneas y capacidad de respuesta
Las evaluaciones también indican que el régimen iraní mantiene cerca del 70% de sus lanzaderas móviles y de su arsenal misilístico previo a la guerra, además de haber restablecido el funcionamiento de aproximadamente el 90% de sus instalaciones subterráneas de almacenamiento y lanzamiento de misiles.
Los hallazgos contradicen abiertamente las declaraciones públicas de Trump y del secretario de Defensa, Pete Hegseth, quienes habían asegurado que el ejército iraní estaba “diezmado” y fuera de combate por años tras la operación militar conjunta lanzada junto a Israel.
La reacción de la Casa Blanca fue inmediata. La portavoz Olivia Wales defendió la versión oficial y acusó a quienes sostienen que Irán mantiene capacidad militar de actuar como “voceros” de la Guardia Revolucionaria iraní. Desde el Pentágono, incluso, se cuestionó duramente a la prensa por la cobertura del conflicto y se apuntó directamente contra The New York Times por “presentar la operación como algo distinto de un logro histórico”.
La guerra también desgasta a Estados Unidos
Sin embargo, detrás del discurso público emerge una preocupación creciente dentro del aparato militar estadounidense: el fuerte desgaste de sus reservas de municiones estratégicas.
De acuerdo con la investigación periodística, Estados Unidos consumió durante la guerra más de 1.000 misiles Tomahawk, 1.300 interceptores Patriot y unos 1.100 misiles furtivos de largo alcance, cifras que equivalen a varios años de producción industrial. La reposición de esos arsenales demandaría años y expone las limitaciones de la capacidad industrial militar norteamericana en un escenario de conflicto prolongado.
La situación genera inquietud no sólo dentro del Pentágono sino también entre aliados europeos, preocupados por el impacto que esta crisis podría tener sobre el suministro de armamento destinado a Ucrania y otros escenarios internacionales.
La “flota mosquito”, el otro frente iraní
Mientras tanto, Irán combina su capacidad misilística con otra herramienta mucho más difícil de neutralizar: la denominada “flota mosquito”, una red de cientos de pequeñas lanchas rápidas operadas por la Guardia Revolucionaria Islámica que desde hace meses hostigan el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz.
Según un informe de BBC, estas embarcaciones —rápidas, baratas y difíciles de detectar— forman parte de una doctrina de “guerra de guerrillas marítima” diseñada para desgastar a potencias navales superiores sin necesidad de enfrentamientos directos.
Equipadas con ametralladoras, cohetes y misiles antibuque, las lanchas actúan en enjambre, realizan maniobras de hostigamiento sobre petroleros y buques comerciales, colocan minas y obligan a Estados Unidos y sus aliados a desplegar costosos operativos de vigilancia permanente.
Expertos citados por la BBC sostienen que el objetivo iraní no es derrotar militarmente a Washington en el mar, sino elevar el costo económico y político de la guerra, desestabilizar el comercio marítimo global y presionar para el levantamiento del bloqueo sobre Teherán.

Ormuz, el cuello de botella del petróleo mundial
El impacto ya se siente en el comercio internacional. El tránsito marítimo en Ormuz cayó a niveles mínimos y organismos internacionales estiman que más de 1.500 barcos y unos 20.000 tripulantes continúan afectados por la crisis. La reducción del flujo petrolero también empujó al alza el precio del crudo y reavivó temores sobre un nuevo shock energético global.
En ese contexto, el frágil alto el fuego vigente aparece cada vez más condicionado por una realidad incómoda para Washington: lejos de haber sido neutralizado, Irán todavía conserva capacidad para golpear, resistir y alterar el equilibrio estratégico en Medio Oriente.

























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