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El consumo de carne vacuna cayó al nivel más bajo en más de 20 años y crece la elección de alternativas más económicas

El consumo de carne vacuna en Argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos de las últimas décadas. Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo per cápita cayó a unos 47 kilos anuales por habitante, el registro más bajo desde 2005 y uno de los peores niveles de los últimos 20 años.

La tendencia confirma un cambio profundo en los hábitos alimentarios de los argentinos, impulsado principalmente por la pérdida de poder adquisitivo y el fuerte incremento de los precios de la carne vacuna. En algunos cortes, las subas acumuladas en los últimos doce meses superaron ampliamente el 60%, dificultando el acceso de muchas familias a un alimento históricamente asociado a la identidad gastronómica del país.

De acuerdo con los relevamientos sectoriales, el consumo aparente de carne vacuna retrocedió 13,8% en el primer bimestre de 2026 respecto del mismo período del año anterior. En paralelo, la producción también mostró una caída cercana al 9%, lo que redujo la oferta disponible en el mercado interno.

Rosario y el auge del cerdo

En Rosario, la situación se refleja en un fenómeno cada vez más visible: el crecimiento sostenido del consumo de carne de cerdo. Carnicerías y comercios especializados registran una mayor demanda de cortes porcinos, que se presentan como una alternativa más económica frente a la carne vacuna.

El cambio responde no sólo a una cuestión de precio. Durante los últimos años el sector porcino logró ampliar su oferta, diversificar cortes y mejorar la calidad de los productos, favoreciendo una mayor aceptación entre los consumidores. A esto se suma que muchos hogares comenzaron a combinar distintas proteínas para sostener el presupuesto familiar sin resignar variedad en la alimentación.

El pollo también aparece entre las principales opciones elegidas para reemplazar parte del consumo de carne vacuna, consolidando una transformación que ya no parece coyuntural sino estructural.

Una tradición que se encarece

Durante décadas Argentina fue uno de los países con mayor consumo de carne vacuna del mundo. Sin embargo, los números muestran un descenso sostenido que se profundizó en los últimos años. Mientras el sector exportador continúa encontrando oportunidades en los mercados internacionales, el consumo interno enfrenta el desafío de precios cada vez más elevados y salarios que no logran recuperar capacidad de compra.

El resultado es una postal inédita para gran parte de la sociedad argentina: el asado y otros cortes tradicionales dejaron de ser una compra habitual para convertirse, en muchos hogares, en un consumo ocasional reservado para fechas especiales.