El anuncio de una inversión privada de 1.200 millones de dólares para construir un reactor modular en el complejo Atucha reabrió la discusión sobre el rumbo de la política nuclear. Mientras el Gobierno presenta el proyecto como un salto tecnológico, sectores científicos y trabajadores del área advierten sobre el riesgo de pérdida de capacidades estratégicas y mayor dependencia externa
El Gobierno nacional anunció la construcción de un reactor nuclear modular de pequeña escala (SMR) en el complejo Atucha, en la localidad bonaerense de Lima, partido de Zárate. El proyecto demandará una inversión estimada en 1.200 millones de dólares, será financiado por capitales privados estadounidenses y estará basado en una patente desarrollada en Argentina, según informó el Ministerio de Economía.
La iniciativa contempla el desarrollo del reactor ACR-300, una tecnología de agua presurizada de Generación III+, y forma parte del denominado Plan Nuclear 2026 impulsado por el Gobierno. Desde la administración nacional sostienen que el objetivo es posicionar al país en un mercado considerado estratégico para las próximas décadas, el de los reactores modulares, una tecnología que promete menores costos de construcción, mayor flexibilidad operativa y potencial de exportación.
Una apuesta al financiamiento privado
El anuncio fue encabezado por el ministro de Economía, Luis Caputo, junto con el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Nápoli, quienes señalaron que la obra demandará alrededor de cinco años y podría generar unos 2.000 puestos de trabajo durante su ejecución. Además, por el volumen de la inversión, el emprendimiento podría incorporarse al régimen de incentivos para grandes inversiones impulsado por el Ejecutivo.
La propuesta se diferencia de los proyectos nucleares tradicionales desarrollados por el Estado argentino, ya que prevé un fuerte protagonismo del capital privado en el financiamiento y la ejecución de la obra.
El otro debate: la continuidad del sistema científico nuclear
Sin embargo, el anuncio coincidió con la creciente preocupación expresada por trabajadores, investigadores y referentes del sector nuclear, quienes sostienen que el nuevo esquema convive con un proceso de desfinanciamiento de organismos estratégicos como la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), además de la paralización o ralentización de proyectos históricos.
En ese marco, distintos sectores impulsan acciones para defender el sistema científico y tecnológico construido durante décadas, al considerar que Argentina logró desarrollar capacidades únicas en América Latina en materia de investigación, producción de combustibles, reactores de investigación y exportación de tecnología nuclear.
Las críticas apuntan especialmente a la posibilidad de que el país termine cediendo parte de su autonomía tecnológica mediante asociaciones en las que el financiamiento y las decisiones estratégicas queden concentradas en actores privados o extranjeros, debilitando el papel que históricamente desempeñó el Estado en el desarrollo nuclear.
Un sector estratégico en plena redefinición
Argentina cuenta con una trayectoria de más de siete décadas en el desarrollo nuclear y es uno de los pocos países capaces de diseñar reactores de investigación, producir combustibles nucleares y exportar tecnología de alta complejidad. Esa experiencia convirtió al sector en uno de los principales activos científicos e industriales del país.
En ese contexto, el desarrollo de reactores modulares aparece como una oportunidad para insertarse en un mercado emergente con fuerte competencia internacional. No obstante, la discusión trasciende la incorporación de una nueva tecnología y se concentra en el modelo bajo el cual se impulsará ese crecimiento.
Mientras el Gobierno pone el acento en la llegada de inversiones privadas y en la posibilidad de abrir nuevos mercados, investigadores y trabajadores del sector advierten que el desafío pasa por garantizar que esa expansión no implique resignar capacidades nacionales construidas durante décadas. El futuro de la política nuclear argentina parece encaminarse así hacia una discusión que combina innovación tecnológica, estrategia energética y soberanía científica.

























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