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Recuperaron 100 basurales crónicos y los transformaron en espacios públicos para el uso vecinal

La Municipalidad de Rosario informó que ya son 100 los denominados «puntos críticos de basura» que fueron reconvertidos en espacios públicos distribuidos en distintos sectores de la ciudad. Se trata de sitios que durante años concentraron el descarte irregular de residuos y que, tras trabajos de limpieza, urbanización y equipamiento, pasaron a funcionar como plazas, sectores recreativos o lugares de encuentro para los vecinos.

La propuesta forma parte de una estrategia que combina intervenciones urbanas con acciones de higiene, mantenimiento y participación comunitaria. Según datos oficiales, la transformación de estos espacios busca no sólo mejorar el entorno urbano, sino también evitar que los basurales vuelvan a conformarse mediante la apropiación del lugar por parte de la comunidad.

De basurales a espacios de uso comunitario

Entre las intervenciones más recientes se encuentran las realizadas en las esquinas de Chubut y Carbia, Humberto Primo y Grossweiler, además de otros sectores que incorporaron senderos, bancos, juegos infantiles, iluminación, forestación y mobiliario urbano. Las obras fueron ejecutadas en coordinación entre distintas áreas municipales, con el objetivo de adaptar cada espacio a las necesidades del barrio donde se emplaza.

Desde el municipio señalaron que la recuperación de estos puntos también contribuye a disminuir problemas asociados a los microbasurales, como la proliferación de vectores sanitarios, los riesgos ambientales y el deterioro del paisaje urbano.

Un problema persistente en la ciudad

La existencia de basurales a cielo abierto en terrenos vacíos, esquinas o espacios públicos constituye uno de los desafíos permanentes para la gestión urbana en Rosario. En muchos casos, los residuos vuelven a acumularse pese a las tareas periódicas de limpieza, lo que obliga a combinar controles, campañas de concientización y obras de recuperación del espacio público.

La administración municipal sostiene que la transformación física de estos lugares resulta una herramienta más efectiva para prevenir nuevos focos de acumulación, al incorporar infraestructura que promueve el uso cotidiano por parte de los vecinos y fortalece el sentido de pertenencia sobre esos espacios.

La experiencia se inscribe en una política más amplia orientada a mejorar el estado del espacio público y la calidad ambiental en los barrios. Su continuidad, sin embargo, dependerá tanto del mantenimiento de las intervenciones como del compromiso de la comunidad para preservar los espacios recuperados y evitar que vuelvan a convertirse en puntos de disposición irregular de residuos.