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La industria automotriz vuelve a bajar un cambio ante el freno de la demanda

La industria automotriz argentina volvió a recibir una señal de alerta. Stellantis decidió readecuar su programa de producción en la planta de Ferreyra, Córdoba, y desde septiembre reducirá a un turno la fabricación de las pickups Fiat Titano y Ram Dakota. La medida responde a una demanda menor a la prevista tanto en el mercado interno como en Brasil, principal destino de exportación de estos modelos.

La decisión llega en un momento en el que las terminales argentinas revisan sus planes productivos para lo que resta del año. Las proyecciones realizadas durante 2025 habían contemplado un nivel de ventas y exportaciones que finalmente no se concretó, obligando a varias empresas a ajustar el ritmo de sus plantas.

El caso de Stellantis tiene además una particularidad. La industria había encontrado en las pickups uno de los principales caminos para sostener la escala de producción y compensar las limitaciones del mercado interno mediante las exportaciones. Ahora, incluso ese segmento comienza a mostrar señales de enfriamiento.

Las pickups tampoco quedan al margen

La planta de Ferreyra fabrica desde 2018 el Fiat Cronos y recientemente incorporó la producción de las pickups Fiat Titano y Ram Dakota. La línea de camionetas funcionará con un solo turno a partir de septiembre y la medida está vinculada directamente con la revisión del volumen anual previsto.

Brasil resulta determinante para este esquema productivo. La caída de la demanda en ese mercado se suma al menor dinamismo de las ventas argentinas y reduce el volumen necesario para mantener los niveles de producción inicialmente proyectados.

La situación adquiere mayor relevancia porque las camionetas se convirtieron en una pieza estratégica de la industria automotriz nacional. Cinco de las siete plantas argentinas concentran actualmente buena parte de su actividad en este tipo de vehículos, justamente por su potencial exportador.

Una cadena de ajustes

Stellantis no es la primera terminal que modifica su ritmo de producción. General Motors atravesó un esquema de tres semanas de trabajo y una de parada en su planta santafesina, mientras que desde mayo Stellantis redujo a un turno la fabricación de los Peugeot 208 y 2008 en El Palomar y abrió un programa de retiros voluntarios.

Más recientemente, Ford anunció una reducción del 17% en la velocidad de producción de su planta de General Pacheco, también en respuesta a una demanda inferior a la prevista en Argentina y Brasil.

El contraste con Toyota es significativo. La planta de Zárate mantiene tres turnos y se encamina hacia un récord histórico de producción durante 2026. El desempeño dispar muestra que el problema no afecta de la misma manera a todas las terminales y que los modelos, mercados de destino y niveles de competitividad tienen un peso decisivo.

El mercado interno vuelve a ser el problema

Detrás de los ajustes aparece una cuestión más profunda: el mercado argentino todavía no ofrece el volumen de demanda que las terminales habían proyectado.

La industria necesita colocar vehículos en el país y, al mismo tiempo, exportar cantidades suficientes para alcanzar una escala que haga rentable la producción local. Cuando ambos mercados pierden dinamismo, las fábricas quedan obligadas a recalcular turnos y volúmenes.

La situación también repercute sobre la industria autopartista. El sector acumuló durante los primeros cuatro meses del año una caída del 8,9% en su actividad, mientras que la producción de vehículos había retrocedido 18,6% interanual en ese período. Las exportaciones de autopartes, además, disminuyeron 9,2%.

El efecto de estos movimientos excede a las terminales. Cada reducción de producción impacta sobre proveedores, logística, transporte, servicios industriales y una extensa red de empresas que depende del funcionamiento de las plantas automotrices.

Una inversión que busca compensar el ajuste

Stellantis sostiene, sin embargo, un importante programa de inversión en Córdoba. La compañía destinó 380 millones de dólares al desarrollo de un hub de pickups y a la construcción de una nueva planta de motores Multijet 2.2, cuya producción está prevista para comenzar a principios de 2027.

Ese proyecto permitirá fabricar localmente motores que actualmente son importados desde Europa y abastecer también mercados regionales. La empresa prevé incluso exportarlos hacia Uruguay y Brasil para distintos modelos de Fiat, Peugeot, Citroën y Ram.

Por eso, el ajuste del turno de pickups no necesariamente implica una pérdida equivalente de puestos de trabajo. La compañía proyecta reasignar parte de los trabajadores hacia la futura producción de motores, aunque el cambio también significa que no se concretaría inicialmente la incorporación de nuevos empleados que estaba prevista.

El desafío de sostener la producción

La industria automotriz vuelve a quedar así en el centro de una discusión más amplia sobre el modelo productivo argentino. La apertura comercial y el acceso a vehículos importados ampliaron la oferta para los consumidores, pero también elevaron la presión sobre las fábricas nacionales.

Al mismo tiempo, la dependencia del mercado brasileño expone a las terminales a los vaivenes de la demanda regional. En junio, un análisis sectorial ya advertía que sólo algunos modelos, especialmente las pickups Ford Ranger y Toyota Hilux, habían logrado sostener un fuerte crecimiento de producción y exportaciones, mientras buena parte del resto de los vehículos argentinos registraba retrocesos en sus ventas externas.

El dato que deja la decisión de Stellantis es, entonces, más amplio que la reducción de un turno. La industria que había apostado a las exportaciones como motor para recuperar escala empieza a encontrar límites también allí. El desafío será determinar si se trata de un ajuste transitorio de inventarios y proyecciones o de una señal más profunda sobre la capacidad de la economía argentina para sostener el crecimiento industrial.

Contexto y antecedentes

La automotriz atraviesa un proceso de reacomodamiento que combina una demanda interna insuficiente, cambios en el comercio exterior y una fuerte competencia regional. La propia encuesta de expectativas industriales del Indec había mostrado que la demanda interna insuficiente era el principal obstáculo señalado por las empresas manufactureras.

En este escenario, la industria enfrenta una tensión central: necesita producir a gran escala para ser competitiva, pero esa escala depende de un mercado interno dinámico y de exportaciones sostenidas. La reducción de turnos en distintas plantas muestra que, por ahora, esa ecuación continúa sin encontrar un punto de equilibrio.