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El clima del siglo XX ya no existe y el planeta enfrenta una nueva era de fenómenos extremos

Los incendios forestales que arrasan el sur de Europa, las inundaciones que golpean distintos continentes y las olas de calor que baten récords de temperatura son, para la ciencia, parte de una transformación climática que ya dejó de ser una proyección para convertirse en una realidad cotidiana. Así lo planteó el climatólogo ecuatoriano Raúl Cordero, investigador de la Universidad de Groningen, en Países Bajos, quien afirmó que el planeta ya ingresó en una etapa climática completamente diferente a la conocida durante el siglo pasado.

Al analizar el acelerado aumento de los fenómenos extremos, el especialista coincidió con la reciente evaluación del Servicio Meteorológico del Reino Unido y fue categórico: «El clima del siglo XX ya no existe».

«La atmósfera con la que nacimos usted y yo ya no existe. El planeta en el que nosotros nacimos ya no existe», afirmó el investigador, al explicar que las emisiones acumuladas de gases de efecto invernadero modificaron profundamente la composición atmosférica.

Un cambio que no podrá revertirse en décadas

Según explicó Cordero, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera aumentó alrededor de un 50% respecto de comienzos del siglo pasado, una alteración de tal magnitud que sus efectos persistirán durante muchas décadas.

«No solamente que el clima que tenemos hoy es diferente. La atmósfera es diferente y hay algo todavía peor: no vamos a recuperarlos, al menos en ningún futuro predecible», advirtió.

El científico señaló que el dióxido de carbono permanece aproximadamente un siglo en la atmósfera, por lo que las emisiones actuales seguirán alterando el clima mucho después de quienes las producen.

Sin embargo, aclaró que ese diagnóstico no implica resignación. «Eso no significa que uno tiene que dejarse estar. No, porque todavía podemos perder más», sostuvo al remarcar que reducir las emisiones continúa siendo imprescindible para limitar el agravamiento del calentamiento global.

Una «epidemia» de eventos extremos

Para el investigador, la principal consecuencia del cambio climático ya puede observarse en la creciente frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos.

«Hay una epidemia de eventos extremos alrededor del mundo, que se están volviendo cada vez más intensos y cada vez más frecuentes», afirmó.

En ese contexto, señaló que los incendios que actualmente afectan a Europa no constituyen episodios aislados, sino una manifestación de una tendencia observada también en California, Australia y Chile durante los últimos años.

Aunque aclaró que resulta complejo atribuir un incendio específico exclusivamente al cambio climático, indicó que sí existe evidencia sólida de que el calentamiento global aumenta significativamente la probabilidad de que estos eventos sean más destructivos.

«Si no detenemos el calentamiento global, este tipo de eventos no solamente van a ser más frecuentes, sino que van a ser cada vez peores», alertó.

Las olas de calor, el fenómeno más letal

Cordero también destacó que las olas de calor representan actualmente el impacto climático con mayor mortalidad.

«Las olas de calor son la manifestación más letal del calentamiento global», afirmó.

Explicó que, aunque el aumento promedio de la temperatura global pueda parecer relativamente pequeño, ese incremento esconde episodios extremos de calor que elevan considerablemente el riesgo para la población, especialmente entre los adultos mayores.

Según recordó, la reciente ola de calor registrada en Europa provocó una sobremortalidad superior a las 10.000 personas, un fenómeno que suele pasar inadvertido porque las víctimas rara vez son registradas oficialmente como fallecidas a causa del calor.

Un planeta que se calienta de manera desigual

El especialista explicó que el hemisferio norte se está calentando casi al doble de velocidad que el hemisferio sur debido a su mayor superficie continental y, especialmente, al acelerado deshielo del Ártico.

Ese proceso genera un círculo de retroalimentación: al desaparecer el hielo, queda expuesto un océano más oscuro que absorbe mayor cantidad de radiación solar, incrementando aún más la temperatura y acelerando el derretimiento.

En contraste, la Antártida responde más lentamente al calentamiento debido a que gran parte de su masa de hielo se encuentra asentada sobre roca continental y posee un espesor muy superior al del hielo ártico.

El Niño agravará los extremos climáticos

Respecto del regreso del fenómeno de El Niño, Cordero explicó que su combinación con el calentamiento global potenciará tanto las sequías como las lluvias intensas.

Indicó que se esperan déficits hídricos severos en la Amazonia, el altiplano boliviano y otras regiones tropicales, mientras que países como Chile, Brasil y Argentina podrían experimentar precipitaciones superiores a las habituales.

El científico señaló que el calentamiento global amplifica estos efectos al elevar la temperatura del aire, secar los suelos y aumentar la humedad disponible para la formación de lluvias intensas.

Optimismo pese al escenario crítico

A pesar del panorama que describió, Cordero afirmó que mantiene una visión moderadamente optimista.

Consideró que la transición hacia energías renovables avanza a una velocidad impensada hace apenas una década y destacó el crecimiento de la movilidad eléctrica y de las políticas de adaptación al cambio climático en numerosos países.

También recordó el antecedente del agujero de ozono, cuya expansión fue contenida gracias a acuerdos internacionales.

«El éxito que tuvimos con el agujero de ozono me hace abrigar la esperanza de que vamos a lograr sobrellevar, no sin dolor, no sin pena, el desafío del calentamiento global», sostuvo.

No obstante, advirtió que no existe una «nueva normalidad» climática a la que simplemente haya que acostumbrarse. Por el contrario, aseguró que el deterioro continúa avanzando y que la única forma de estabilizar el clima es abandonar progresivamente el uso de combustibles fósiles y reducir de manera sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero.