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Un Arca de Noé para los super ricos: tecnomagnates construyen un bunker del fin del mundo en Mendoza

No se trata de un proyecto que podría construirse algún día. Las obras ya están allí. En una zona remota del Valle de Uco, en el oeste de Mendoza, un grupo de empresarios tecnológicos levantó durante los últimos dos años un refugio privado de 32.000 hectáreas denominado Wamani, a unos 3.000 metros de altura y a aproximadamente una hora por caminos de tierra del poblado más cercano.

El proyecto fue impulsado por el empresario argentino-español Martín Varsavsky junto con otros cinco socios, entre ellos el emprendedor y actual embajador argentino en Washington, Alec Oxenford, y el multimillonario estadounidense Dan Lubetzky. La propiedad fue adquirida en diciembre de 2023 y desde entonces comenzaron a aparecer pequeñas viviendas prefabricadas, cúpulas geodésicas y una pista de aterrizaje. El objetivo declarado es disponer de un territorio capaz de sostener a sus ocupantes ante una crisis de escala mundial.

La dimensión del emprendimiento ayuda a entender su singularidad. Wamani comprende montañas, cursos y vertientes de agua y un pico de unos 5.000 metros. Sus responsables buscan avanzar hacia un esquema de autosuficiencia que incluya producción de alimentos y ganado, generación de energía mediante paneles solares y sistemas tecnológicos capaces de mantener cierto grado de autonomía incluso ante un colapso de las comunicaciones.

Entre los planes que analiza Varsavsky figura incluso descargar modelos de inteligencia artificial en computadoras alimentadas con energía solar para disponer de una suerte de red informática propia si los grandes servidores mundiales dejaran de funcionar.

El “plan B” del Silicon Valley

Varsavsky no oculta la lógica que está detrás de la inversión. En declaraciones al Financial Times, sostuvo que considera que el mundo ya atraviesa una etapa equivalente a una Tercera Guerra Mundial y planteó la necesidad de contar con un refugio alejado de los grandes centros de poder.

La idea encaja con una tendencia que desde hace años atraviesa a una parte de las grandes fortunas tecnológicas. El fundador de LinkedIn, Reid Hoffman, calculó que aproximadamente la mitad de los multimillonarios de Silicon Valley tiene algún tipo de preparación para una eventual catástrofe. Mark Zuckerberg construyó un refugio en su propiedad de Hawái y Peter Thiel obtuvo la nacionalidad neozelandesa mientras adquiría tierras en ese país.

Ahora el mapa de esos refugios empieza a desplazarse hacia el extremo sur del continente.

En el caso de Thiel, además, el movimiento hacia el Cono Sur ya es concreto. El cofundador de PayPal y figura central de Palantir se instaló en Buenos Aires, adquirió una mansión en Barrio Parque y compró cinco lotes en el exclusivo complejo Fasano Las Piedras, cerca de Punta del Este, por una suma cercana a los 10 millones de dólares. En Uruguay, distintos medios señalaron que la propiedad está vinculada a sus planes de seguridad y autosuficiencia, aunque no existe confirmación pública de que allí se esté construyendo un búnker.

Por qué miran hacia Argentina

La elección de la Argentina no responde solamente a la disponibilidad de grandes extensiones de tierra. También está relacionada con una característica geográfica que desde hace años es estudiada por científicos: su distancia de los principales focos de conflicto del hemisferio norte y su capacidad agrícola.

Un trabajo publicado en Nature Food analizó el impacto de una guerra nuclear sobre la producción mundial de alimentos y mostró que un conflicto de gran escala podría provocar una alteración profunda del clima y una caída drástica de la producción agrícola y ganadera. Estudios y análisis derivados de esa investigación han señalado a la Argentina y Australia entre los territorios con mejores condiciones relativas para mantener su producción alimentaria frente a semejante escenario.

Ese argumento es central en la concepción de Wamani. La intención no es simplemente esconderse bajo tierra, sino disponer de un territorio suficientemente grande como para producir alimentos, generar energía y mantener una comunidad aislada durante una crisis prolongada.

La disputa por las tierras vuelve a quedar en el centro

El fenómeno se produce, además, en un momento particularmente sensible para la regulación de la propiedad rural extranjera en la Argentina.

La Ley de Tierras Rurales mantiene un límite del 15% para la titularidad o posesión de tierras rurales por parte de extranjeros, tanto a nivel nacional como provincial y departamental.

El Gobierno de Javier Milei viene impulsando modificaciones sobre ese régimen y en los últimos días volvió a quedar bajo discusión legislativa la posibilidad de flexibilizar las restricciones. Aunque las iniciativas enfrentaron obstáculos en el Congreso, el debate vuelve a colocar en primer plano el destino de grandes extensiones rurales y el papel del capital extranjero en regiones estratégicas.

El caso Wamani aporta una dimensión hasta ahora poco habitual a esa discusión. Ya no se trata solamente de inversiones agropecuarias, inmobiliarias o turísticas. En la cordillera mendocina se está desarrollando un enclave privado pensado, explícitamente, como seguro frente a un eventual colapso de alcance planetario.

El proyecto puede parecer extravagante, pero sus construcciones ya están levantadas, sus propietarios ya adquirieron las tierras y sus promotores siguen ampliando la infraestructura. En el predio ya se construyeron y siguen instalándose casas prefabricadas, cúpulas geodésicas y una pista de aterrizaje, mientras avanzan los sistemas destinados a garantizar agua, energía, conectividad y producción de alimentos. Un paisaje de la cordillera mendocina empieza así a convertirse en una suerte de Arca de Noé privada, diseñada para que algunos de los hombres más ricos del planeta tengan un lugar donde refugiarse cuando el resto del mundo quede expuesto a la crisis.