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Mientras durante años las grandes fortunas tecnológicas buscaron refugios en Nueva Zelanda y Hawái, un grupo de empresarios argentinos y estadounidenses ya puso en marcha en el Valle de Uco un proyecto de 32.000 hectáreas pensado para resistir una eventual catástrofe global. El enclave, ubicado a unos 3.000 metros de altura, incorpora viviendas, domos, una pista de aterrizaje y sistemas de energía destinados a garantizar la autonomía de sus ocupantes, fundamentalmente la producción de alimentos