El Colegio de Arquitectura y Urbanismo de Rosario pidió al Concejo que revise el proyecto para convertir el túnel Arturo Illia en un Paseo Turístico de las Celebridades Rosarinas. La entidad advirtió que la intervención alteraría la materialidad y el valor patrimonial de uno de los pocos vestigios que sobreviven de la Rosario ferroviaria y agroexportadora
El proyecto para convertir el histórico túnel Arturo Illia –antiguo enlace de la red ferroviaria con el puerto– en un “Paseo Turístico de las Celebridades Rosarinas” acaba de encontrarse con un obstáculo que debería ser difícil de soslayar: el Colegio de Arquitectura y Urbanismo de Rosario (CAU) pidió formalmente al Concejo Municipal que revise la iniciativa y reclamó preservar las características originales de una construcción que forma parte del patrimonio ferroviario de la ciudad.
La discusión excede bastante la posibilidad de pintar unas paredes. Lo que está en juego es qué hace una ciudad con las huellas materiales de su propia historia. Y en el caso del túnel Illia, esas huellas no son una decoración antigua que pueda reemplazarse por una más colorida: son parte de la historia de la Rosario portuaria, ferroviaria y agroexportadora que se construyó durante la segunda mitad del siglo XIX.
La propuesta lleva la firma del concejal Pablo Gavira (integrante del partido UNO y parte del interbloque Unidos) y plantea intervenir las paredes laterales y el techo del túnel. El proyecto contempla reproducir la bandera argentina, pintar de blanco el cielorraso y ubicar el Sol de Mayo en el centro del recorrido. Además, las 27 bocas laterales –los históricos “guarda-hombres”– serían utilizadas para instalar imágenes de personalidades rosarinas, acompañadas por información identificatoria y códigos QR.
Entre las figuras mencionadas aparecen nombres como Lionel Messi y Fito Páez. El objetivo declarado por el concejal es homenajear a quienes dejaron una huella en la historia de Rosario y generar un nuevo atractivo turístico y cultural.
El problema, precisamente, es el lugar elegido para montar ese homenaje.
El patrimonio no necesita maquillaje
El CAU fue contundente al plantear su objeción. La entidad aclaró que no cuestiona la intención de homenajear a personalidades destacadas de Rosario, sino el espacio seleccionado y las características de la intervención. Para los arquitectos, el túnel y el conjunto ferroviario del que forma parte deberían ser preservados y puestos en valor respetando sus condiciones y su materialidad original.
No se trata de una construcción cualquiera. Es un rincón de la ciudad con 150 años de historia.

El túnel comenzó a proyectarse en el siglo XIX como parte del sistema ferroviario destinado a conectar la estación Rosario Central con el área portuaria y facilitar el traslado de granos. El corredor llegó a tener unos 800 metros y conserva aproximadamente 400. También mantiene los llamados “guarda-hombres”, pequeños refugios excavados en sus paredes que permitían protegerse a quienes circulaban por allí cuando pasaban los trenes.
El propio Ente Turístico de Rosario destaca al túnel como un atractivo particular de la ciudad y remarca que conserva 400 de los 800 metros originales y que fue utilizado por trenes de carga hasta fines de la década de 1960.
Es decir, el valor del túnel está justamente en aquello que todavía conserva.
Por eso resulta difícil no preguntarse qué significa “poner en valor” un patrimonio histórico. ¿Preservar sus materiales, explicar su historia y hacer visible aquello que lo convierte en único? ¿O cubrirlo con pintura, imágenes y una nueva escenografía para convertirlo en un paseo temático? La diferencia no es menor.

Una ciudad no se construye borrando sus rastros
Las grandes ciudades del mundo que han comprendido el valor de su patrimonio industrial y ferroviario optan por conservar esas huellas, restaurarlas y otorgarles nuevos usos sin borrar aquello que permite reconocerlas.
Nueva York, por ejemplo, cuenta con una Comisión de Preservación de Monumentos Históricos que protege edificios y sitios de valor arquitectónico, histórico y cultural y regula las intervenciones sobre ellos. Actualmente, el organismo registra más de 38.000 edificios y sitios designados, entre ellos estaciones, edificios industriales y otros espacios que forman parte de la memoria urbana.
La preservación del patrimonio industrial tampoco es una rareza destinada a museos. UNESCO reconoce numerosos sitios vinculados con la industrialización y los ferrocarriles, precisamente porque esas estructuras permiten comprender cómo las transformaciones tecnológicas modificaron la vida económica y social de las ciudades y regiones. El caso de Ironbridge, en Inglaterra, conserva dentro de un mismo paisaje minas, fábricas, viviendas obreras, infraestructura y antiguos trazados ferroviarios como testimonio de la Revolución Industrial.
Incluso en 2026 el Reino Unido acaba de impulsar una red nacional que conecta 22 sitios vinculados con su patrimonio industrial bajo una misma propuesta turística y cultural. La lógica es bastante clara: convertir la historia industrial en un atractivo sin necesidad de disfrazarla.
Rosario tiene en el túnel Illia una pieza mucho más modesta, pero de enorme valor para reconstruir su propia historia. No necesita competir con Londres, Nueva York o los grandes sitios industriales europeos para justificar su preservación. Necesita, sencillamente, entender que ese túnel es parte de lo que Rosario fue.

De la historia ferroviaria a las celebridades
La iniciativa de Gavira parece invertir esa lógica. En lugar de aprovechar el túnel para contar la historia del ferrocarril, del puerto y de aquella Rosario que creció alrededor de la exportación de granos, propone utilizar su arquitectura como soporte de una galería de figuras famosas.
El proyecto tiene, desde luego, un atractivo inmediato y fácilmente comunicable: Messi, Fito Páez y otras personalidades populares convertidas en imágenes gigantes dentro de un túnel atravesado diariamente por miles de personas.
Pero ahí aparece una paradoja difícil de ignorar: para homenajear a los rosarinos que hicieron historia se corre el riesgo de intervenir precisamente uno de los lugares que cuenta una parte de esa historia sin necesidad de que nadie la pinte.
Y hay algo todavía más llamativo. Los “guarda-hombres”, que hoy podrían funcionar como una extraordinaria puerta de entrada para explicar cómo era trabajar y circular en aquel sistema ferroviario, pasarían a convertirse en soportes de una galería de celebridades.
El pasado ferroviario quedaría entonces reducido a telón de fondo.
El túnel ya sobrevivió a varias épocas
El Illia tiene, además, una historia bastante más rica que la de su función original. Fue utilizado por el ferrocarril hasta 1968 y posteriormente tuvo una insólita transformación cuando, durante los años 70, funcionó allí Tunelmanía, una confitería bailable con música en vivo.
Incluso esa etapa dejó rastros materiales. Investigaciones recientes detectaron rieles cortados con soplete y amurados a las paredes para sostener una plataforma utilizada por el antiguo boliche. Es decir, el túnel conserva capas sucesivas de la historia de Rosario, desde el ferrocarril hasta sus usos posteriores.
Finalmente, el espacio fue recuperado para el tránsito vehicular y desde entonces forma parte de la conexión de la zona céntrica con la costanera. Pero su función actual no eliminó su condición de testimonio histórico.
Ese es precisamente el punto que el Colegio de Arquitectura puso sobre la mesa.
¿Homenajear a los rosarinos o intervenir la historia de Rosario?
El concejal Gavira defendió su propuesta y sostuvo que busca que los rosarinos puedan “encontrarnos con nuestra historia, con nuestra cultura y con aquellas personas que, desde distintos ámbitos, dejaron una huella en Rosario”. También afirmó que la bandera argentina debe ser protagonista y que la intervención busca transmitir “identidad y orgullo”.
El argumento tiene una contradicción evidente: si el objetivo es encontrarse con la historia, cuesta entender por qué habría que cubrir parte de uno de los pocos lugares donde esa historia todavía puede verse físicamente.
La discusión llegó incluso a un intercambio público entre Gavira y el presidente del Colegio de Arquitectura, Rubén Palumbo. El concejal defendió su iniciativa y cuestionó la posición del titular del CAU, mientras Palumbo insistió en que la intervención podría afectar el valor patrimonial del viaducto.
El debate, entonces, no debería reducirse a una pelea entre quienes quieren homenajear a las celebridades rosarinas y quienes se oponen a ellas. Rosario tiene derecho a homenajear a Messi, a Fito Páez y a cualquier otra personalidad que considere parte de su identidad. Lo discutible es que para hacerlo haya que utilizar como lienzo un monumento que pertenece a una historia mucho más antigua y colectiva.
Hay innumerables paredes, plazas, paseos y espacios públicos donde una galería de celebridades podría desarrollarse sin alterar un testimonio ferroviario del siglo XIX.
En cambio, el túnel Illia no puede reproducirse una vez que se pierde su materialidad original.
Por eso la advertencia del Colegio de Arquitectura merece ser escuchada antes de que el pincel haga irreversible una decisión que hoy todavía puede discutirse.
Porque una ciudad que conoce su historia no necesita convertir cada rincón histórico en una escenografía. Y si la idea de homenajear a sus celebridades termina tapando las huellas de quienes construyeron la Rosario ferroviaria, portuaria y agroexportadora, el homenaje puede terminar siendo apenas una puesta en escena mientras el verdadero patrimonio queda debajo de la pintura.

























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