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Rosario convirtió los Suramericanos en una fiesta que desbordó los escenarios

Rosario vivió el sábado una de esas jornadas en las que una ciudad cambia su ritmo. Desde temprano, miles de personas se movilizaron hacia distintos puntos para seguir competencias, acompañar a los deportistas o simplemente formar parte de una celebración que terminó excediendo largamente a los escenarios deportivos. En total, más de 200.000 personas participaron de las actividades de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 durante la jornada.

La cifra adquiere otra dimensión cuando se observa cómo se distribuyó esa multitud. El estadio Marcelo Bielsa reunió a más de 35.000 espectadores para el partido entre las selecciones Sub-19 de Argentina y Uruguay, mientras que otros 7.000 acompañaron la jornada de vóley femenino en el Claudio Newell. En el Hipódromo, más de 10.000 personas siguieron las competencias de rugby 7.

Pero la imagen más contundente de la jornada estuvo en el Parque de la Independencia. Allí, el Fan Fest convocó a unas 150.000 personas a lo largo del día y convirtió al espacio en un enorme punto de encuentro, con actividades deportivas, propuestas recreativas, gastronomía, música y opciones para distintas edades.

Una ciudad que salió a encontrarse

Hay un dato que permite entender por qué los Juegos adquirieron una dimensión diferente a la de una competencia deportiva convencional. Una parte importante del público no llegó necesariamente para seguir una disciplina determinada. Familias, grupos de amigos y chicos se acercaron a espacios abiertos, participaron de actividades y encontraron en el evento una propuesta para pasar el día.

Esa apropiación de los Juegos por parte de los vecinos resulta particularmente significativa para Rosario. La competencia internacional encontró una ciudad con una fuerte tradición deportiva y una extensa red de clubes e instituciones, pero también consiguió llevar el acontecimiento a los parques y al espacio público. La propia historia deportiva local fue uno de los argumentos utilizados para presentar a Rosario como sede.

El resultado se pudo ver en una jornada de temperaturas cercanas a los 30 grados y cielo despejado, con circulación permanente de público entre las distintas sedes. La presencia de miles de personas también generó movimiento en comercios, gastronomía, transporte y otros servicios vinculados a la actividad turística y recreativa. En los días previos, ya se había observado que el impacto de los Juegos excedía a los escenarios deportivos y alcanzaba hoteles, restaurantes, parques y comercios de la ciudad.

La convocatoria tampoco quedó limitada a Rosario. En el conjunto de los Juegos, que tienen a la ciudad como una de sus principales sedes junto con Santa Fe y Rafaela, ya se habían registrado 1.109.375 accesos entre entradas para competencias y Fan Fest. Cerca de 100.000 fueron entradas pagas, con una recaudación de $998,5 millones destinada a Cáritas, la Federación de Veteranos de Guerra y Cilsa.

El desafío empieza cuando termine la fiesta

La multitud del sábado deja una postal poderosa para Rosario, pero también abre una discusión que va más allá del éxito de convocatoria. El verdadero balance de un acontecimiento de esta magnitud no se definirá solamente por la cantidad de espectadores que pasaron por las sedes, sino por lo que quede cuando las delegaciones regresen a sus países y los escenarios recuperen su funcionamiento habitual.

Los Juegos pusieron a prueba infraestructura existente y nueva, movilizaron clubes, deportistas, trabajadores y voluntarios y acercaron disciplinas que habitualmente tienen una exposición mucho menor que el fútbol. Ese movimiento puede transformarse en una oportunidad para ampliar el vínculo de los chicos y jóvenes con el deporte y para fortalecer una red que ya forma parte de la identidad de Rosario.

La ciudad, además, ya tiene antecedentes recientes de organización de grandes acontecimientos deportivos internacionales, entre ellos los Juegos Suramericanos de la Juventud de 2022 y los Juegos Argentinos de Alto Rendimiento. En ese recorrido, los Suramericanos 2026 representan una escala mayor y una vidriera regional para una ciudad que históricamente construyó buena parte de su identidad alrededor de los clubes y el deporte.

Por ahora, el dato más visible es el de la multitud. Más de 200.000 personas en un solo sábado explican la dimensión que alcanzó el evento, pero hay otra imagen que quizás resulte todavía más significativa: chicos acercándose a deportes que no conocían, familias ocupando los parques, tribunas llenas y una ciudad que encontró en una competencia internacional una excusa para volver a encontrarse.

Los Juegos todavía no terminaron. Pero Rosario ya dejó una señal clara sobre cómo decidió vivirlos: no como una competencia que sucede dentro de sus límites, sino como un acontecimiento que durante estas semanas forma parte de la vida cotidiana de la ciudad.