Argentina retrocedió en Matemática, Lectura y Ciencias y obtuvo sus peores registros desde 2006 en dos de las áreas. El Gobierno calificó la situación de “preocupante”, pero atribuyó el deterioro a las gestiones anteriores. El diagnóstico vuelve a poner la educación en el centro de la agenda política
Los resultados de las pruebas PISA 2025 volvieron a colocar a la educación argentina frente a uno de sus problemas más persistentes: los estudiantes de 15 años empeoraron su desempeño en Matemática, Lectura y Ciencias y quedaron nuevamente muy lejos de los niveles alcanzados por los países de la OCDE.
Pero el dato educativo rápidamente se convirtió también en un dato político. El Gobierno reconoció que el escenario es preocupante, aunque buscó despegarse de la responsabilidad por los resultados. El secretario de Educación de la Nación, Carlos Torrendell, sostuvo que los alumnos evaluados atravesaron una trayectoria escolar que comenzó en 2013 y atribuyó el deterioro a las políticas implementadas durante las gestiones anteriores.
El debate queda así planteado en dos planos: qué explica el retroceso de los aprendizajes y quién debe hacerse cargo de revertirlo.
Un nuevo retroceso en las tres áreas
Argentina obtuvo 393 puntos en Ciencias, 389 en Lectura y 367 en Matemática. En comparación con 2022, perdió 13 puntos en Ciencias, 12 en Lectura y 11 en Matemática.
Es la primera vez, dentro de la serie comparable, que el país retrocede simultáneamente en las tres áreas evaluadas. En Ciencias y Lectura hubo que remontarse a 2006 para encontrar resultados inferiores, mientras que Matemática registró directamente el peor resultado de toda la serie comparable argentina.
El país quedó además en el octavo lugar entre los 13 países latinoamericanos que participaron de la evaluación y ocupó los puestos 71 en Ciencias, 62 en Lectura y 75 en Matemática entre 91 sistemas educativos participantes.
Matemática concentra la mayor preocupación
El resultado más crítico aparece en Matemática. Con 367 puntos, Argentina quedó 96 puntos por debajo del promedio de la OCDE, que alcanzó los 463.
Pero más significativo que la posición en el ranking es la cantidad de adolescentes que no alcanza las competencias consideradas básicas. El 76% de los estudiantes argentinos quedó por debajo del nivel mínimo de desempeño en Matemática.
En Lectura y Ciencias la situación tampoco es alentadora: alrededor de seis de cada diez estudiantes no alcanzaron el nivel básico esperado. El problema, por lo tanto, no se reduce a una materia específica sino que atraviesa las principales capacidades que PISA busca medir.
El Gobierno apunta hacia atrás
La publicación de los resultados abrió inmediatamente una discusión sobre las responsabilidades políticas.
Desde el Gobierno nacional señalaron que los estudiantes evaluados comenzaron su escolaridad en 2013 y que, por lo tanto, los resultados reflejan una trayectoria educativa construida durante distintas administraciones. Torrendell habló de una situación “preocupante” y vinculó el deterioro con las políticas educativas anteriores, particularmente las desarrolladas durante los gobiernos kirchneristas.
El argumento oficial busca instalar una idea central: los resultados de PISA no pueden atribuirse exclusivamente a la gestión de Javier Milei, ya que la prueba evalúa aprendizajes acumulados durante años.
El contrapunto es inevitable. La evaluación se realizó en 2025, cuando Milei ya llevaba más de un año de gobierno, y los resultados muestran un retroceso respecto de 2022. El desafío político, entonces, pasa de la explicación histórica a una pregunta más concreta: qué medidas se implementarán ahora para modificar la tendencia.
Una crisis que no es solamente argentina
El Gobierno también cuenta con un argumento adicional: Argentina no es un caso aislado.
PISA 2025 mostró retrocesos en numerosos sistemas educativos y una caída general de los desempeños en las tres áreas. Incluso los países de la OCDE registraron resultados inferiores a los de 2022. La pandemia, los cambios en los hábitos de estudio, el uso intensivo de dispositivos digitales, la menor lectura y las dificultades para sostener la atención aparecen entre los factores que forman parte del diagnóstico internacional.
Sin embargo, el contexto internacional no elimina la particularidad argentina. El país parte de niveles de desempeño bajos y ahora vuelve a retroceder, ampliando además algunas brechas entre los estudiantes con mejores y peores resultados.
El problema que excede a un gobierno
PISA no mide simplemente cuánto contenido recuerda un alumno. Evalúa su capacidad para utilizar conocimientos, interpretar información, resolver problemas y aplicar herramientas aprendidas a situaciones de la vida cotidiana. La OCDE utiliza esos resultados como una referencia para analizar tanto la calidad como la equidad de los sistemas educativos.
Por eso, el nuevo retroceso argentino vuelve a abrir una discusión que atraviesa gobiernos y generaciones: la dificultad para garantizar aprendizajes básicos en una parte muy importante de los adolescentes.
La disputa política sobre quién es responsable puede ocupar buena parte de la agenda en los próximos días. Pero detrás de esa discusión queda un problema que ningún gobierno puede resolver con una explicación retrospectiva: qué hacer para que los estudiantes que hoy están en las aulas puedan leer, comprender, razonar y resolver problemas con herramientas suficientes para continuar estudiando, trabajar y desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja.
Los resultados de PISA 2025 no solo muestran una caída en tres materias. Vuelven a poner sobre la mesa una pregunta de fondo para la Argentina: si el deterioro educativo es acumulativo, también deberá serlo el esfuerzo político necesario para revertirlo.

























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