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La pirámide social se ensancha abajo y más de la mitad de los hogares argentinos ya está en la clase baja

La estructura social argentina muestra un fuerte desplazamiento hacia los sectores de menores ingresos. Más de la mitad de los hogares del país se ubica actualmente dentro de la denominada clase baja, que comprende tanto a familias en situación de pobreza como a aquellas que, aun sin ser pobres, tienen ingresos insuficientes para alcanzar los niveles asociados a la clase media.

El dato surge de un informe de la Consultora W que reconstruye la pirámide social argentina a partir de los ingresos familiares. Según el relevamiento, el 21% de los hogares se encuentra en situación de pobreza y otro 31% integra la clase baja no pobre. En conjunto, ambos segmentos representan el 52% de la sociedad.

Un ingreso promedio que queda lejos de la mayoría

Uno de los datos que más expone la distancia entre el promedio estadístico y la realidad de los hogares es el ingreso familiar neto promedio: alcanza los $2,8 millones mensuales. Sin embargo, el 78% de las familias argentinas percibe ingresos inferiores a ese monto.

Dentro del segmento de menores recursos, el informe ubica a la clase baja en pobreza con un ingreso promedio cercano a $1 millón por hogar. La clase baja no pobre, que representa alrededor del 30% según la clasificación utilizada por el estudio, tiene un piso de ingresos de $1,5 millones mensuales.

La combinación de ambos grupos permite dimensionar la profundidad de la transformación social: los hogares ubicados en los estratos bajos son más numerosos que todos los sectores medios y altos reunidos.

Una clase media cada vez más acotada

La clasificación utilizada por la Consultora W divide a la sociedad en cinco grandes grupos: clase alta, clase media alta, clase media baja, clase baja no pobre y clase baja en pobreza.

En la parte superior de la pirámide se encuentra apenas el 5% de la población, con ingresos familiares que parten de los $9 millones mensuales. La clase media alta representa el 17%, con ingresos que comienzan en torno de los $4,5 millones y pueden llegar a $6,5 millones.

La clase media baja, por su parte, reúne al 26% de los hogares y tiene un ingreso de entrada de aproximadamente $2,5 millones mensuales.

El resultado es una estructura social donde la tradicional clase media pierde peso relativo frente a una base cada vez más amplia de hogares que se encuentran por debajo de los ingresos necesarios para sostener ese nivel de vida.

El dato que pone en discusión la recuperación del consumo

Los números adquieren especial relevancia en un contexto en el que el Gobierno de Javier Milei sostiene que la economía atraviesa un proceso de recuperación, con mejoras en distintos indicadores de actividad y consumo.

El relevamiento, sin embargo, introduce otra dimensión del debate: aun cuando determinados indicadores macroeconómicos puedan mostrar una recuperación, la distribución de los ingresos continúa marcadamente concentrada y una amplia mayoría de los hogares permanece por debajo del ingreso promedio.

La diferencia entre el ingreso medio de $2,8 millones y los ingresos efectivamente percibidos por la mayoría de las familias también permite entender por qué la percepción de la situación económica puede diferir significativamente de los indicadores generales.

Una fotografía de la nueva estructura social

La pirámide que surge del estudio queda conformada por un 5% de clase alta, 17% de clase media alta, 26% de clase media baja, 31% de clase baja no pobre y 21% de hogares pobres.

Más allá de las categorías utilizadas y de que se trate de una medición basada en ingresos, el dato central resulta contundente: los sectores bajos ya constituyen la mayoría de los hogares argentinos.

La discusión, por lo tanto, excede la medición de la pobreza. También pone bajo la lupa qué significa hoy pertenecer a la clase media en la Argentina, cuánto ingreso se necesita para sostener ese estándar y qué sectores lograron conservar capacidad de ahorro y consumo frente al aumento del costo de vida.

La fotografía social deja así una señal política y económica de fondo: mientras una minoría concentra los ingresos más altos, la mayor parte de las familias se mueve en los escalones inferiores de la pirámide, con una clase media que representa menos de un tercio del conjunto y enfrenta cada vez mayores dificultades para sostener su posición.