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El peronismo congela sus internas y busca una estrategia común para enfrentar a Milei

Después de meses de enfrentamientos y desconfianzas, tres de las principales figuras del peronismo volvieron a sentarse en la misma mesa. Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner participaron de una cumbre reservada junto a gobernadores y referentes parlamentarios del espacio, con un objetivo que hasta hace poco parecía difícil de concretar: comenzar a construir una estrategia común frente al gobierno de Javier Milei.

El encuentro representa una señal política que excede la discusión puntual sobre las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. La posibilidad de que el Gobierno avance con la eliminación de las PASO funcionó como un factor de presión para un peronismo atravesado por disputas internas, pero que ahora intenta evitar que esas diferencias terminen debilitándolo frente al oficialismo.

La reunión también dejó un mensaje hacia adentro: quienes acompañen al Gobierno en una eventual eliminación de las primarias podrían quedar enfrentados con la estrategia que intenta articular el PJ. El objetivo, por ahora, no es resolver quién conduce el espacio, sino evitar que la interna termine paralizando a la oposición.

Una tregua que nace de la necesidad

La imagen de Kicillof, Massa y Máximo Kirchner juntos tiene un peso político propio. Cada uno representa sectores diferentes del peronismo y los tres han mantenido, durante los últimos años, posiciones y estrategias que muchas veces chocaron entre sí.

Kicillof busca consolidar su liderazgo territorial desde la provincia de Buenos Aires y proyectarse como una figura nacional. Massa conserva influencia dentro del Frente Renovador y mantiene vínculos con sectores políticos y económicos que exceden al kirchnerismo. Máximo, por su parte, continúa representando al núcleo de La Cámpora y al sector más cercano a Cristina Fernández de Kirchner.

La convivencia entre esas tres referencias nunca fue sencilla.

Por eso, que vuelvan a compartir una mesa no significa que las diferencias hayan desaparecido. Lo que cambia es la prioridad política: por el momento, la necesidad de coordinar frente al Gobierno parece pesar más que la disputa por el liderazgo.

Las PASO como primer punto de encuentro

El principal punto de coincidencia fue la defensa de las PASO como mecanismo de definición de candidaturas. El peronismo busca impedir que el Gobierno elimine las primarias y considera que mantenerlas puede ser una herramienta para ordenar su propia competencia interna.

La discusión tiene una dimensión estratégica evidente.

Si el peronismo llega a 2027 con varios candidatos compitiendo por separado, puede fragmentar su electorado y facilitar el avance de La Libertad Avanza. Si, en cambio, logra canalizar sus diferencias dentro de una primaria, podría preservar la unidad electoral aun cuando los distintos sectores mantengan identidades y proyectos propios.

Las PASO aparecen así como mucho más que una cuestión reglamentaria. Para el PJ pueden convertirse en la herramienta para competir sin tener que resolver ahora quién será el jefe del espacio.

La advertencia a los gobernadores

La reunión también dejó una señal dirigida a los propios gobernadores peronistas cuyos legisladores puedan acompañar iniciativas del Gobierno nacional.

La estrategia que comenzó a delinearse contempla endurecer la disputa política con aquellos dirigentes que se aparten de la línea acordada. En otras palabras, el peronismo intenta recuperar disciplina interna después de un período en el que algunos gobernadores privilegiaron acuerdos particulares con la Casa Rosada.

Ese punto puede convertirse en uno de los principales obstáculos para la unidad.

Los gobernadores necesitan recursos nacionales, obras y acuerdos administrativos en un contexto económico complejo. La Casa Rosada, a su vez, utiliza esas necesidades como parte de su estrategia de negociación parlamentaria.

El peronismo pretende ahora responder con una lógica diferente: que cada acuerdo individual tenga un costo político dentro del espacio.

El factor Milei

La paradoja es que Javier Milei puede terminar funcionando como un factor de cohesión para un peronismo que durante buena parte de los últimos años tuvo dificultades para construir una conducción común.

La derrota electoral de 2023 dejó al PJ sin una figura indiscutida y abrió una disputa por el liderazgo. Cristina Kirchner conserva centralidad en un sector importante, Kicillof busca ampliar su proyección, Massa mantiene su propio espacio y los gobernadores reclaman protagonismo territorial.

A esa fragmentación se sumaron las tensiones entre el kirchnerismo y otros sectores del peronismo, que quedaron expuestas incluso en la conformación de las estrategias electorales posteriores.

Ahora aparece una amenaza externa capaz de ordenar parcialmente esas diferencias: un Gobierno nacional que busca consolidar su proyecto y llegar fortalecido a las elecciones de 2027.

La reacción peronista es intentar dejar la pelea interna en pausa.

¿Unidad o apenas una tregua?

Ese es el interrogante central.

La reunión demuestra que existe un espacio para coordinar posiciones, pero todavía no alcanza para hablar de una unidad consolidada. No hubo una resolución de las disputas de liderazgo ni una definición sobre candidaturas. Tampoco desaparecieron las diferencias entre los sectores que representan Kicillof, Massa y Máximo Kirchner.

Lo que apareció fue algo más modesto y, justamente por eso, más realista: un pacto de no agresión para empezar a construir una estrategia compartida. La cumbre reunió además a gobernadores y jefes parlamentarios, ampliando la discusión más allá de las tres figuras principales.

El desafío será sostener ese acuerdo cuando lleguen las discusiones concretas sobre listas, candidaturas, distribución de espacios y liderazgo.

El tablero hacia 2027 empieza a moverse

La importancia de la reunión no está solamente en lo que se acordó, sino en lo que revela sobre el nuevo escenario político argentino.

El peronismo entendió que continuar dividido puede dejarlo sin capacidad de respuesta frente a un oficialismo que pretende avanzar sobre las reglas electorales y consolidar su poder territorial. Por eso comenzó a construir una mesa donde antes había teléfonos que no se atendían y dirigentes que competían entre sí.

Pero la unidad todavía está lejos de ser un hecho.

Kicillof, Massa y Máximo Kirchner pueden compartir una estrategia parlamentaria y defender las PASO sin compartir necesariamente el mismo proyecto de país ni aceptar la misma conducción. Esa contradicción será probablemente el principal desafío de los próximos meses.

La primera señal ya está dada: el peronismo decidió congelar, al menos por ahora, la pelea interna para enfrentar a Milei en un terreno común. La pregunta que queda abierta es cuánto durará la tregua cuando llegue el momento de decidir quién ocupa el lugar que todos, de una manera u otra, están empezando a disputar: el liderazgo de la oposición y la candidatura presidencial de 2027.