Bienvenidos a Todavía no es tarde

Hallazgo en Córdoba: qué es el uranio empobrecido y por qué activó un operativo de seguridad

Un hallazgo tan inesperado como inusual obligó a desplegar un importante operativo de seguridad en la ciudad cordobesa de Río Cuarto. Mientras clasificaban cartón reciclado en una planta de tratamiento de residuos, trabajadores encontraron una placa metálica con la inscripción «uranio empobrecido», lo que motivó la inmediata intervención de bomberos, Defensa Civil, la Policía Federal y especialistas en materiales radiactivos.

La pieza, de aproximadamente 30 centímetros de largo por 10 de ancho, fue aislada preventivamente mientras se realizaban las primeras mediciones de radiación. Los ocho operarios que habían manipulado el material fueron sometidos a controles, que determinaron niveles muy bajos de exposición y descartaron riesgos inmediatos para su salud. No obstante, las autoridades mantienen abierta la investigación para determinar el origen del elemento y cómo llegó hasta el centro de reciclaje.

¿Qué es el uranio empobrecido?

El uranio empobrecido es un subproducto que se obtiene durante el proceso de enriquecimiento del uranio natural utilizado como combustible para reactores nucleares o para otros fines tecnológicos.

Durante ese proceso se extrae gran parte del isótopo uranio-235, que es el más apto para sostener reacciones nucleares. El material restante conserva principalmente uranio-238 y continúa siendo radiactivo, aunque emite una radiación considerablemente menor que la del uranio natural.

Su principal característica no es su radiactividad, sino su enorme densidad. Es aproximadamente un 70 % más denso que el plomo, una propiedad que lo convierte en un material muy valorado para diversas aplicaciones industriales.

¿Dónde se utiliza?

El uranio empobrecido tiene múltiples usos civiles e industriales.

Se emplea como contrapeso en aeronaves, blindaje para contenedores destinados al transporte de materiales radiactivos, equipos médicos de radioterapia y algunos instrumentos de precisión.

También ha sido ampliamente utilizado con fines militares, especialmente en proyectiles perforantes y en el blindaje de vehículos de combate, debido a su capacidad para penetrar materiales extremadamente resistentes. Ese uso ha generado fuertes debates internacionales por sus posibles efectos ambientales y sanitarios en zonas de conflicto.

¿Es realmente peligroso?

Los especialistas coinciden en que el riesgo depende de la forma en que una persona entra en contacto con el material.

Una pieza sólida de uranio empobrecido, como la encontrada en Córdoba, emite bajos niveles de radiación y, en condiciones normales, no representa un peligro significativo para quienes permanecen a cierta distancia.

El principal problema aparece cuando el material se fragmenta, se quema o genera polvo fino que puede ser inhalado o ingerido. En esas circunstancias, además de su baja radiactividad, actúa como un metal pesado capaz de afectar especialmente a los riñones y otros órganos del cuerpo.

Por esa razón, cualquier hallazgo de este tipo activa protocolos de seguridad muy estrictos, aun cuando las mediciones iniciales indiquen niveles bajos de radiación.

¿Por qué se desplegó un operativo tan importante?

En situaciones donde aparece un material cuya procedencia es desconocida, las autoridades aplican el principio de máxima precaución.

El aislamiento del área permite verificar si existe contaminación, identificar el origen del elemento y garantizar que ninguna persona haya recibido una exposición superior a los límites permitidos.

En el caso de Río Cuarto, los especialistas concluyeron que no existía riesgo para la población y retiraron el material para su análisis y disposición segura. Sin embargo, continúa la investigación para establecer cómo una placa de uranio empobrecido terminó mezclada con residuos destinados al reciclaje.

El episodio, además de despertar curiosidad, recordó la importancia de los sistemas de control sobre materiales potencialmente peligrosos. Aunque el uranio empobrecido no posee el mismo nivel de radiactividad que el combustible utilizado en centrales nucleares, su manipulación requiere protocolos específicos y personal especializado para evitar riesgos innecesarios.