La pérdida de casi 26.500 empresas empleadoras desde el inicio de la gestión de Javier Milei golpea principalmente a pequeñas y medianas firmas y profundiza la preocupación por el empleo y la producción local
El cierre de pymes se consolida como una de las señales más preocupantes de la economía argentina. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 se perdieron en términos netos 26.448 empresas empleadoras, según registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. El 98% de esas bajas correspondió a pequeñas y medianas firmas, que constituyen una pieza central del entramado productivo y del empleo formal en todo el país.
El dato adquiere mayor gravedad por su ritmo: sólo durante marzo se registraron 2.011 empresas menos que el mes anterior y ya se acumulan 18 meses consecutivos de caída mensual. En el primer trimestre de 2026, la pérdida neta alcanzó a 3.840 compañías.
Las más chicas, las más expuestas
La destrucción empresarial se concentra especialmente entre los emprendimientos de menor escala. De las firmas que dejaron de operar, el 67% tenía un solo trabajador y otro 13% contaba con dos empleados. Las empresas de uno a cinco trabajadores, además, representan una porción decisiva del empleo registrado, por lo que cada persiana que baja impacta de manera directa en familias, comercios de barrio, proveedores y economías regionales.
La preocupación no se limita a la cantidad de empresas que desaparecen, sino al tipo de estructura económica que queda detrás. La caída de pequeños y medianos actores reduce la diversidad productiva, debilita cadenas de valor locales y deja mayor espacio a compañías con capacidad financiera para resistir la caída del consumo, los costos de financiamiento, la apertura importadora y el aumento de tarifas.
Una recuperación desigual
Mientras sectores vinculados a la energía y la minería mantienen expectativas favorables por nuevos proyectos e inversiones, buena parte de la industria, el comercio y los servicios atraviesa un escenario de retracción. Esa diferencia alimenta el temor a una economía cada vez más concentrada, orientada a grandes emprendimientos extractivos y financieros, con menos margen para las pymes que sostienen empleo y actividad en las ciudades.
El número de concursos preventivos también refleja las dificultades: entre enero y abril se abrieron 92 procesos en la Justicia comercial porteña, luego de que 2025 cerrara con 190 concursos, un incremento del 130% respecto de 2023. Para las cámaras empresarias y especialistas, el desafío ya no es sólo recuperar la actividad, sino evitar que la crisis deje como saldo un tejido productivo más chico, más frágil y concentrado.

























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