Aunque el Gobierno celebró la desaceleración de la inflación minorista, los precios mayoristas treparon 5,2% en abril y encendieron nuevas alarmas sobre posibles aumentos en góndolas, combustibles e insumos. Economistas advierten que el “atraso” entre costos y precios finales podría trasladarse en los próximos meses
La desaceleración del IPC que el Gobierno nacional mostró como una señal de alivio económico convive con otra realidad menos visible pero potencialmente más preocupante: la fuerte aceleración de la inflación mayorista. Según datos difundidos por el Indec, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) subió 5,2% en abril, duplicando el 2,6% registrado en la inflación minorista y marcando el nivel más alto de los últimos meses. El salto estuvo impulsado principalmente por aumentos en productos importados, energía, combustibles e insumos industriales, en medio de un escenario atravesado por tensiones cambiarias y costos dolarizados.
Economistas y consultoras privadas advierten que esta diferencia entre precios mayoristas y minoristas suele anticipar futuros ajustes en el consumo cotidiano. En otras palabras: muchas empresas todavía no trasladaron completamente sus costos a las góndolas debido a la caída de ventas y el deterioro del poder adquisitivo, pero esa contención podría tener límite. El fenómeno ya empieza a observarse en alimentos, transporte y productos industriales, sectores que vienen mostrando presión acumulada desde marzo.
El dato también expone una de las principales fragilidades del actual programa económico. Mientras el Gobierno busca sostener la desaceleración inflacionaria mediante estabilidad cambiaria y ajuste fiscal, persisten fuertes tensiones en la estructura de costos de la economía real. Muchas industrias operan con márgenes mínimos, caída del consumo y aumento de tarifas, combustible y logística. Ese combo genera un escenario contradictorio: inflación más baja en las estadísticas generales, pero costos empresariales todavía en ascenso.
En paralelo, distintos analistas advierten que la desaceleración del IPC no necesariamente implica recuperación económica. La baja del consumo, la retracción salarial y el freno en la actividad aparecen hoy como algunos de los principales factores que contienen los precios. De hecho, sectores comerciales ya hablan de promociones permanentes, descuentos agresivos y dificultades para sostener ventas básicas. La gran incógnita es cuánto tiempo podrá mantenerse ese equilibrio antes de que la presión mayorista termine impactando nuevamente en el bolsillo de los consumidores.

























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