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Alquilar un monoambiente ya cuesta casi todo un salario mínimo

El costo de acceder a una vivienda en alquiler vuelve a poner en primer plano la relación entre los precios del mercado y los ingresos de los hogares. Según el último relevamiento del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso), en septiembre un monoambiente tuvo un valor mediano de $380.000, prácticamente el mismo monto que percibe un trabajador alcanzado por el Salario Mínimo Vital y Móvil.

La comparación se vuelve todavía más significativa cuando se incorporan los gastos que quedan fuera del valor publicado. Las expensas representan, en promedio, un 17,3% adicional sobre el alquiler, por lo que sostener un monoambiente requiere un ingreso considerablemente superior al salario mínimo, incluso antes de sumar servicios, transporte, alimentación y el resto de los gastos cotidianos.

Cuánto cuesta vivir en un departamento

El relevamiento del Ceso muestra que la presión no se limita a las unidades más pequeñas. En septiembre, el valor mediano de los departamentos de dos ambientes alcanzó los $520.000, mientras que los de tres ambientes llegaron a $650.000.

Los incrementos interanuales fueron del 27% para los monoambientes, del 33% para los departamentos de dos ambientes y del 18% para los de tres ambientes. En todos los casos, las subas quedaron por debajo de la inflación interanual registrada por el Indec hasta agosto, que fue del 33,5%.

El dato introduce un matiz importante en la evolución del mercado: que los alquileres aumenten por debajo de la inflación no significa necesariamente que se hayan vuelto más accesibles. La relación entre el precio de la vivienda y los ingresos continúa siendo determinante para quienes deben afrontar mensualmente el costo de un techo.

Más oferta, pero con una demanda condicionada

Otro dato del informe ayuda a completar el panorama. La cantidad de departamentos ofrecidos en alquiler aumentó un 42% respecto de septiembre de 2025.

En principio, una mayor oferta debería brindar más alternativas a los inquilinos. Sin embargo, la disponibilidad de propiedades convive con una demanda condicionada por la capacidad de pago de los hogares. Hay más unidades en el mercado, pero eso no implica necesariamente que exista una mayor posibilidad de acceder a ellas.

Esta combinación también ayuda a explicar la moderación que vienen mostrando algunos valores. Cuando una parte de los hogares no puede convalidar los precios solicitados, el mercado encuentra un límite que puede traducirse en una mayor permanencia de las propiedades disponibles, antes que necesariamente en una baja generalizada de los alquileres.

El alquiler frente a los ingresos

La situación se vuelve especialmente evidente al comparar el costo de la vivienda con distintos ingresos de referencia. Un monoambiente medio absorbe el 76,2% de una jubilación de $498.633, sin incluir expensas ni servicios.

En el caso del Salario Mínimo Vital y Móvil, establecido en $383.800, el alquiler de un monoambiente representa alrededor del 99% del ingreso. En términos prácticos, prácticamente todo el salario queda comprometido antes de afrontar cualquier otro gasto.

La comparación permite dimensionar el problema más allá de la evolución porcentual de los alquileres. Aunque los incrementos puedan ubicarse por debajo de la inflación, el nivel de partida continúa siendo elevado frente a ingresos que también deben cubrir alimentación, transporte, servicios, salud y otros gastos esenciales.

Un mercado que cambió sus reglas

El escenario actual también debe leerse a partir de las modificaciones que atravesó el mercado locativo en los últimos años. La derogación de la Ley de Alquileres modificó las condiciones de contratación y dejó mayor libertad a propietarios e inquilinos para acordar plazos, mecanismos de actualización y otras condiciones.

Desde entonces, la evolución de los valores quedó más directamente vinculada con la inflación, los ingresos, la disponibilidad de propiedades y la capacidad efectiva de pago de quienes buscan vivienda.

En ese contexto, los indicadores de alquiler muestran un mercado que intenta encontrar un nuevo equilibrio. La recuperación de la oferta es uno de los elementos centrales, pero todavía convive con una fuerte presión sobre los ingresos de los hogares.

Una cuenta que va más allá del alquiler

El dato de septiembre deja así una fotografía concreta del costo de vivir de alquiler. Un monoambiente medio cuesta prácticamente lo mismo que un salario mínimo, pero el gasto real de la vivienda no termina en el precio publicado.

Expensas, servicios y otros costos asociados hacen que la diferencia entre ingresos y vivienda sea todavía más estrecha. Para quienes no cuentan con una propiedad propia, el desafío no pasa solamente por conseguir un departamento, sino por sostenerlo mes a mes sin que el alquiler absorba la mayor parte de los recursos disponibles.

Con más oferta que un año atrás y aumentos que se moderaron frente a la inflación, el mercado muestra señales de cambio. Pero el dato central sigue estando del lado de los ingresos: para una parte de los hogares, el costo de acceder a una vivienda continúa ocupando una porción demasiado grande del presupuesto familiar.