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Un cambio que busca despejar las calles del centro y poner orden entre los cables

Hay una parte del paisaje urbano que se volvió habitual al punto de pasar casi inadvertida: cables cruzando de una fachada a otra, tendidos enredados, instalaciones que quedaron fuera de uso y estructuras que permanecen colgadas sobre las veredas aunque ya no cumplan ninguna función. El municipio busca ahora intervenir sobre ese entramado y avanzar hacia un ordenamiento integral del tendido aéreo.

La Municipalidad de Rosario abrió una licitación pública para retirar cables obsoletos o fuera de norma y reorganizar aquellos que continúan prestando servicio. La iniciativa apunta a mejorar las condiciones de seguridad en la vía pública, reducir la contaminación visual y recuperar la lectura arquitectónica de sectores con alto valor patrimonial.

Qué se va a retirar y qué se va a ordenar

El trabajo no consistirá simplemente en cortar y retirar cables. Antes de intervenir cada cuadra, el municipio deberá identificar los tendidos y determinar junto con las empresas prestadoras cuáles continúan activos y cuáles quedaron abandonados.

Los cables que ya no estén en funcionamiento serán desmontados. En cambio, aquellos que sigan siendo utilizados deberán ser identificados, ordenados y tensados, para evitar que permanezcan bajos, cruzados de manera irregular o apoyados sobre otros tendidos.

La intervención también contempla retirar columnas y ménsulas que hayan quedado en desuso. Se trata de elementos que forman parte del equipamiento de las redes y que, una vez que dejan de cumplir su función, pueden permanecer durante años ocupando espacio en la vía pública.

El municipio trabaja además con la obligación vigente de que cada cable y columna esté identificado con la empresa responsable. El problema, según reconocieron desde Obras Públicas, es que esa normativa no siempre se cumple de manera adecuada, lo que dificulta determinar rápidamente a quién corresponde cada instalación.

El casco histórico será el primer escenario

Las tareas comenzarán por el casco histórico y el microcentro, donde se concentra buena parte del tendido aéreo que presenta problemas de desorden o elementos fuera de uso.

El área inicial está delimitada por el río, avenida Pellegrini y bulevar Oroño. Después, el plan contempla avanzar hacia corredores comerciales, gastronómicos y turísticos, entre ellos Pellegrini, Oroño y Pichincha, además de sectores próximos a hospitales, escuelas, oficinas públicas y edificios de valor patrimonial.

La elección del área central no es casual. Allí conviven una intensa circulación peatonal y vehicular, una elevada concentración de actividad comercial y numerosos edificios históricos. Ordenar el tendido permite, por lo tanto, intervenir simultáneamente sobre cuestiones de seguridad, funcionamiento del espacio público y calidad visual del entorno.

Un año de trabajos y una licitación millonaria

El presupuesto oficial de la licitación asciende a $1.000 millones y el contrato tendrá una duración de 12 meses desde su firma. La apertura de sobres está prevista para el 13 de octubre en el edificio de la Aduana.

Aunque el plazo general será de un año, desde el municipio anticiparon que las tareas en el microcentro podrían completarse antes. La modalidad de trabajo tendrá además una particularidad: muchas de las intervenciones se realizarán durante sábados, domingos y feriados, para reducir el impacto sobre el tránsito y evitar mayores dificultades en calles de circulación intensa.

La empresa que resulte adjudicataria deberá contar con experiencia específica para realizar trabajos en altura y con equipamiento adecuado, mientras que las tareas serán supervisadas por el municipio.

De un problema visible a una intervención más amplia

El tendido desordenado no es un problema nuevo. Durante años, el crecimiento de las redes de telefonía, televisión e internet fue agregando cables sobre una infraestructura que muchas veces no se retiró cuando dejó de utilizarse.

El resultado es una acumulación progresiva de instalaciones que pueden dificultar el mantenimiento, afectar la imagen urbana y, en determinados casos, generar situaciones de riesgo para quienes circulan por debajo.

Por eso, el alcance del programa resulta más amplio que una limpieza estética. La intención es establecer un procedimiento para distinguir lo que está operativo de lo que quedó abandonado y, a partir de allí, intervenir sobre cada instalación con un criterio común.

Para una ciudad cuya área central concentra patrimonio arquitectónico, actividad comercial y una circulación cotidiana muy intensa, recuperar fachadas y despejar el espacio aéreo puede modificar una escena urbana que durante años se incorporó al paisaje cotidiano.

El desafío estará ahora en que el ordenamiento no sea una intervención aislada. Una vez retirados los cables en desuso, mantener identificadas, tensadas y correctamente ubicadas las instalaciones que permanezcan activas será clave para evitar que el problema vuelva a acumularse con el paso del tiempo.