La empresa anunció el fin de la producción en su fábrica de Batlle y Ordóñez, donde permanecían unos 200 trabajadores. La multinacional reemplazará la fabricación nacional por un esquema basado en productos importados, mientras la UOM reclama la continuidad de los puestos de trabajo y este lunes habrá una audiencia en el Ministerio de Trabajo de Santa Fe
El cierre de la planta de Electrolux en Rosario marca el final de una etapa para una de las fábricas históricas de la ciudad y vuelve a poner en primer plano el deterioro que atraviesa la industria de línea blanca. La multinacional decidió abandonar la producción local y avanzar hacia un modelo de abastecimiento basado en importaciones, una decisión que afecta de manera directa a unos 200 trabajadores que todavía permanecían en el establecimiento de Batlle y Ordóñez 3436.
La noticia fue comunicada el viernes y tomó por sorpresa a los representantes gremiales. Según explicó el abogado de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) Rosario, Pablo Cerra, estaba prevista una reunión con las nuevas autoridades de Recursos Humanos de la compañía, pero pocos minutos antes fue cancelada y la organización sindical recibió la comunicación sobre el cierre definitivo. La empresa, en tanto, sostuvo que la decisión responde a una revisión estratégica de sus operaciones y a la evolución hacia un modelo de abastecimiento global.
El impacto laboral es el aspecto más inmediato del cierre, pero la dimensión del proceso se entiende mejor al mirar la evolución de la planta durante los últimos años. Hacia 2023, la fábrica llegó a contar con unos 800 trabajadores y desde entonces atravesó una reducción sostenida de personal y de sus líneas de producción. En los últimos meses se habían implementado retiros voluntarios y la actividad había quedado considerablemente reducida.
El retroceso productivo también fue visible en los productos fabricados en Rosario. La empresa había dejado de producir heladeras y comenzó a abastecer parte del mercado argentino con unidades provenientes de otras plantas, mientras la producción local se concentraba en una cantidad cada vez menor de líneas. Para los representantes de los trabajadores, ese proceso terminó desembocando en una decisión que ahora transforma a la histórica planta rosarina en un establecimiento sin producción industrial.
Un cambio que excede a una fábrica
La decisión de Electrolux se inscribe, además, en una transformación más amplia del mercado de electrodomésticos. La producción nacional de línea blanca viene perdiendo participación frente a los productos importados, en un escenario atravesado por el menor consumo y por cambios en las condiciones de competencia. Un dato permite dimensionar la magnitud del retroceso en el polo industrial del Gran Rosario: según datos citados por LPO, las grandes metalúrgicas de la región fabrican actualmente alrededor de un 80% menos de heladeras, freezers y lavarropas que en 2012.
Para Rosario, el problema no termina en los puestos de trabajo que se pierden dentro de la fábrica. Una planta industrial de estas características forma parte de una cadena que involucra proveedores, transporte, servicios, mantenimiento y consumo en el entorno de sus trabajadores. Por eso, cada cierre tiene un efecto que puede extenderse mucho más allá de la nómina de empleados directamente afectados.
La propia trayectoria de Electrolux permite observar esa transformación. La fábrica, vinculada históricamente a la marca Gafa y luego incorporada al grupo sueco, había atravesado distintas crisis y procesos de reducción sin llegar a interrumpir completamente su actividad industrial. Ahora, la empresa mantendrá su presencia comercial en Argentina, pero dejará de fabricar localmente y abastecerá el mercado mediante productos elaborados en otras plantas del grupo, principalmente en el exterior.
La disputa que comienza ahora
El cierre anunciado no significa que el conflicto laboral esté cerrado. La UOM anticipó que reclamará la reincorporación de los trabajadores y cuestionará la forma en que se produjo la decisión. El gremio busca preservar los puestos de trabajo y planteará su posición ante el Ministerio de Trabajo de Santa Fe.
Este lunes se realizará una audiencia entre la empresa y los representantes sindicales. Será la primera instancia formal para discutir el futuro de los trabajadores y también para conocer si existe algún margen de negociación frente a una decisión que Electrolux presentó como parte de una reconfiguración estratégica de su operación en el país.
Más allá de lo que ocurra en esa instancia, el cierre deja una señal difícil de ignorar para Rosario. Una fábrica que llegó a tener cerca de 800 trabajadores quedará sin producción y unos 200 empleados deberán enfrentar ahora la pérdida de sus puestos. El caso vuelve a poner en discusión qué lugar ocupa la industria en la economía de la ciudad y qué consecuencias tiene para el entramado productivo local el reemplazo de fabricación por importaciones.

























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