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Empresarios y trabajadores unen fuerzas para reclamar un rumbo productivo frente a la crisis

La preocupación por el rumbo de la economía nacional reunió en Rosario a representantes del sector empresario, la industria y el movimiento obrero, que coincidieron en una señal de alerta sobre la situación productiva y reclamaron políticas que permitan recuperar actividad, empleo y consumo. El encuentro, realizado en la Asociación Empresaria de Rosario, reunió a unos 500 dirigentes y puso en marcha una mesa de diálogo destinada a elaborar propuestas para un programa de desarrollo.

La convocatoria fue impulsada por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (Adimra) y la Confederación General del Trabajo (CGT). El objetivo declarado fue evitar una discusión exclusivamente sectorial y comenzar a delinear una agenda común que pueda ser trasladada al ámbito político.

Una economía que no llega a todos

El diagnóstico compartido estuvo lejos de presentar una recuperación homogénea. Ricardo Diab, titular de Came, planteó que las pequeñas y medianas empresas todavía no perciben los beneficios del ordenamiento macroeconómico y cuestionó la distancia entre los indicadores financieros y lo que sucede en comercios y fábricas.

Desde la industria metalúrgica, Elio Del Ré aportó uno de los datos más contundentes del encuentro: el sector trabaja actualmente al 39 por ciento de su capacidad instalada. En términos concretos, significa que seis de cada diez máquinas permanecen sin producir. A esto se suma, según Fisfe, un incremento en las demoras de las cadenas de pago, una señal que afecta especialmente a las empresas de menor tamaño.

La situación también fue vinculada con el mercado interno. La inflación de los servicios, los costos impositivos y la pérdida de competitividad aparecen como obstáculos adicionales para empresas que necesitan vender más para sostener sus estructuras y conservar puestos de trabajo.

La crisis tiene rostro de empresa

Uno de los momentos más fuertes de la jornada llegó cuando el empresario Ricardo Cicarelli, de la autopartista Cirubon, relató públicamente las dificultades que atraviesa su compañía y advirtió que podría cerrar en los próximos meses.

La empresa, con dos generaciones de historia y experiencia exportadora, enfrenta una fuerte caída de la demanda y la competencia de productos importados, particularmente provenientes de China. La situación ya obligó a realizar ajustes de personal y abrió interrogantes sobre la continuidad de la planta.

El caso expuesto en Rosario funcionó como una muestra concreta de una problemática que los dirigentes empresarios vienen señalando: cuando una fábrica reduce su producción, el impacto no queda limitado a sus trabajadores. También alcanza a proveedores, transportistas, comercios y servicios vinculados con esa actividad.

Industria, empleo y desarrollo

El diagnóstico empresarial coincidió con el planteo sindical de que la discusión económica no puede reducirse a las variables fiscales y monetarias. Jorge Sola, cosecretario general de la CGT, sostuvo que el encuentro debe ser el primer paso de una construcción más amplia orientada hacia un modelo basado en producción, desarrollo y trabajo.

El dirigente afirmó que la central obrera trabaja en un programa de cinco puntos para llevar a la discusión pública y consideró que la política deberá asumir un papel central frente a la crisis. Para Sola, la recuperación del empleo debe volver a ocupar un lugar central como ordenador de la vida social.

La coincidencia entre sectores que habitualmente se expresan por separado constituye uno de los elementos políticos más relevantes del encuentro. Empresarios y sindicatos pueden tener diferencias importantes en materia laboral, impositiva o salarial, pero comparten una preocupación concreta: una economía que no genera suficiente actividad termina afectando tanto a las empresas como a los trabajadores.

El desafío que queda planteado

El encuentro de Rosario también abrió una discusión de más largo plazo. El economista Fernando Grasso planteó que la actividad debería crecer a un ritmo muy superior al actual para compensar los puestos de trabajo que se pierden en sectores como la industria y la construcción.

Al mismo tiempo, los referentes productivos reclamaron una mirada que permita aprovechar el crecimiento de sectores como el petróleo, el gas y la minería sin dejar afuera a la industria y a las economías regionales. La discusión, en definitiva, pasa por cómo transformar las oportunidades vinculadas a las exportaciones en mayor actividad, inversión y empleo dentro del país.

La jornada dejó así una definición que excede a los protagonistas del encuentro. Rosario volvió a funcionar como escenario para una discusión central de la Argentina: si el crecimiento de algunos sectores alcanzará para impulsar al conjunto de la economía o si será necesario diseñar políticas específicas para evitar que la industria, las pymes y el empleo queden relegados.

Contexto y antecedentes

El reclamo se produce en un escenario de fuerte tensión para el entramado productivo. La industria metalúrgica registra un nivel de utilización de capacidad cercano al 40 por ciento, mientras empresarios santafesinos vienen alertando sobre problemas de demanda, competitividad y financiamiento.

La particularidad del encuentro de Rosario radica en que la advertencia fue compartida por organizaciones empresarias y sindicales, que ahora buscan transformar el diagnóstico en una agenda de propuestas. El próximo desafío será lograr que esa agenda trascienda la protesta y se convierta en una discusión concreta sobre producción, empleo, inversión y desarrollo.