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Del voto joven al desencanto: Milei pierde el respaldo que fue decisivo para llegar al poder

Javier Milei construyó buena parte de su llegada a la Presidencia sobre un vínculo especialmente fuerte con las nuevas generaciones. Su discurso rupturista, su presencia en las redes sociales y la promesa de una transformación profunda lograron captar a una parte significativa del electorado joven en 2023. Casi tres años después, distintas encuestas muestran que aquella relación atraviesa un marcado proceso de desgaste.

El dato más contundente surge del último relevamiento de Latam Pulse, la iniciativa conjunta de AtlasIntel y Bloomberg. La desaprobación general del Presidente alcanzó el 62,4%, pero entre los jóvenes el rechazo es considerablemente mayor. En el segmento de 16 a 24 años llega al 76,9%, mientras que entre quienes tienen entre 25 y 34 años alcanza el 71,9%.

No se trata solamente de una caída en la imagen presidencial. Para La Libertad Avanza, el fenómeno tiene una dimensión electoral evidente: más de la mitad del padrón tiene menos de 39 años. Un deterioro sostenido entre esos votantes puede complicar seriamente cualquier proyecto de continuidad en 2027.

La economía como punto de quiebre

Detrás del cambio de humor aparece, de manera recurrente, la situación económica. El malestar no parece responder únicamente a la percepción abstracta sobre la marcha del país, sino a experiencias concretas en la vida cotidiana.

Un relevamiento del Instituto Universitario CIAS realizado en barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires mostró que el 75% de los jóvenes consultados considera que la economía empeoró durante el último año. Además, seis de cada diez hogares tuvieron que reducir consumos o gastos corrientes durante 2026.

El dato más elocuente aparece en el endeudamiento. El 57% de los jóvenes afirmó que en sus hogares debieron pedir dinero prestado o recurrir a algún tipo de crédito para afrontar gastos cotidianos. En buena parte de los casos, la salida fue informal y pasó por familiares, amigos o prestamistas del propio barrio.

Cuando la promesa de transformación se enfrenta con la necesidad de endeudarse para sostener los gastos básicos, el discurso político pierde capacidad de interpelación. El horizonte de una recuperación futura pesa menos frente a las urgencias del presente.

Trabajo, expectativas y malestar

La misma encuesta de Latam Pulse dibuja un cuadro general de expectativas poco alentador. El 70% de los consultados calificó negativamente la situación económica actual y el 56% considera que empeorará durante los próximos seis meses. La percepción sobre el mercado laboral es aún más crítica: el 73% lo evaluó como malo.

Ese escenario tiene una incidencia particularmente fuerte entre quienes están comenzando su vida adulta. Para los jóvenes, la discusión no pasa solamente por el nivel de ingresos, sino por la posibilidad de conseguir un trabajo estable, independizarse, acceder a una vivienda y construir algún tipo de proyecto personal.

La pérdida de expectativas constituye, en ese sentido, un problema político de mayor profundidad que una fluctuación pasajera de la opinión pública. Un elector puede tolerar un período difícil si conserva la convicción de que existe un horizonte de mejora. Cuando esa expectativa desaparece, la identificación política también puede comenzar a desvanecerse.

Corrupción y distancia con la sociedad

El malestar económico no es el único factor que aparece en las mediciones. En el relevamiento de Management & Fit, realizado sobre 2.600 personas, el aumento de precios y tarifas fue señalado como el principal problema, seguido por la corrupción, la desocupación y la pobreza.

La corrupción no ocupa el primer lugar, pero sí forma parte del conjunto de factores que deterioran la valoración de la gestión. Para un Gobierno que llegó al poder denunciando los privilegios de la política tradicional y prometiendo una administración radicalmente distinta, cualquier sospecha o percepción de prácticas alejadas de esas promesas puede tener un costo adicional entre quienes lo votaron precisamente para romper con lo establecido.

A eso se suma una percepción cada vez más extendida de distancia entre las prioridades oficiales y los problemas concretos de la población. Allí aparece una de las mayores dificultades para el Gobierno: no sólo convencer de que el rumbo económico es correcto, sino transmitir que comprende el costo social que ese proceso implica.

El problema político del desencanto

Los distintos relevamientos coinciden en mostrar que el retroceso entre los jóvenes no es un fenómeno aislado. Management & Fit ubicó la desaprobación de Milei entre los menores de 40 años por encima del 57%, mientras que Zuban Córdoba registró un respaldo juvenil al Gobierno del 38%, claramente por debajo de los niveles cercanos al 50% que había alcanzado antes de las elecciones legislativas de 2025.

En los barrios populares, el cambio de comportamiento electoral resulta todavía más evidente. Según el estudio del CIAS, el 42% de quienes habían acompañado a Milei en 2023 hoy ya no lo elegiría nuevamente y evalúa otras alternativas o todavía no definió su voto.

La oposición ya empieza a detectar esa oportunidad. Axel Kicillof prepara para este sábado 22 de agosto, en San Martín, el lanzamiento de la rama juvenil del Movimiento Derecho al Futuro, con el objetivo de ampliar su base política y disputar a esos jóvenes que se alejaron del oficialismo.

Reconquistar una confianza perdida

Todavía falta más de un año para las elecciones presidenciales de 2027 y ninguna encuesta puede anticipar por sí sola el resultado. El humor social puede cambiar y una eventual mejora económica podría modificar parte de las evaluaciones actuales.

Pero el problema para Milei es que recuperar a un elector desilusionado suele ser más difícil que conquistarlo por primera vez. El votante que alguna vez depositó expectativas en un proyecto político y después siente que esas promesas no se cumplieron no necesariamente vuelve al punto de partida cuando las condiciones cambian.

El Presidente deberá enfrentar así una paradoja política: el sector social que alguna vez fue uno de los principales motores del fenómeno libertario es ahora uno de los que exhibe mayores niveles de rechazo. La cuestión no parece reducirse a una estrategia de comunicación ni a una nueva consigna electoral. Para recuperar a esos votantes, el Gobierno deberá ofrecer algo bastante más difícil de reconstruir que una campaña: expectativas.

Y allí puede estar uno de los mayores riesgos para la reelección de Milei. No tanto perder el apoyo de quienes nunca lo acompañaron, sino no conseguir recuperar la confianza de quienes alguna vez sí lo hicieron.