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Una canción de Lali expuso una tensión que el Gobierno intenta desactivar

La escena duró poco más de un minuto, pero abrió una discusión mucho más amplia. Patricia Bullrich apareció en un video difundido en sus redes sociales trabajando en su despacho del Senado, tomando café y cantando parte de “No me importa”, una canción de Lali Espósito. La elección no pasó inadvertida: desde el comienzo de su presidencia, Javier Milei protagonizó numerosos cruces públicos con la cantante, a quien incluso descalificó públicamente por sus actuaciones financiadas por organismos estatales.

Bullrich acompañó la publicación con una frase tomada de la canción: “Sé que todos los ‘peros’ tienen un ‘porqué’”. No explicó que se tratara de un mensaje dirigido al Presidente ni explicitó una intención política detrás de la elección. Sin embargo, el contexto hizo que el video fuera interpretado inmediatamente como un gesto de autonomía dentro del oficialismo.

La particularidad es que la publicación apareció después de una semana en la que Bullrich había dejado de lado la disciplina habitual de la coalición gobernante para cuestionar públicamente decisiones del Ejecutivo. El punto de mayor tensión estuvo en las modificaciones incorporadas al capítulo de discapacidad del proyecto de Presupuesto 2027, sobre las cuales la senadora aseguró que no había sido informada pese a integrar la mesa política del oficialismo.

“A mí no me tomen por tonta”, había advertido Bullrich, al cuestionar que cambios de semejante sensibilidad aparecieran en el proyecto sin haber sido discutidos previamente con quienes después deberán defenderlo en el Congreso. También apuntó hacia el Ministerio de Economía, al señalar que el Presupuesto había sido elaborado bajo esa órbita y que los cambios deberían haber sido puestos sobre la mesa política antes de llegar al Parlamento.

Del desacuerdo parlamentario al mensaje político

Por eso, más que la canción elegida, lo significativo es la secuencia. Primero apareció el reclamo de Bullrich por la falta de coordinación interna. Después llegó el video con una canción asociada al principal enfrentamiento cultural que Milei sostuvo durante los primeros años de su gobierno. Y finalmente apareció la reacción de la Casa Rosada, que optó por quitarle dramatismo al episodio.

Milei sostuvo que no veía ningún problema en que Bullrich escuchara a Lali y calificó de “tontería mayúscula” la idea de politizar el arte. Incluso contó que, después de la controversia que mantuvo con la cantante, escuchó algunas de sus canciones y que varias le gustaron.

Al día siguiente, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, siguió la misma línea. Consultado por el video, lo calificó como “divertido” y pidió tomarlo de esa manera. Al mismo tiempo, intentó relativizar las diferencias de fondo con Bullrich y sostuvo que en la mesa política del Gobierno se habían abordado los distintos temas del Presupuesto, aunque aclaró que la senadora debió retirarse antes de la reunión.

La respuesta coordinada de Milei y Santilli muestra una decisión política concreta: evitar que una diferencia interna se transforme en una crisis pública dentro de La Libertad Avanza. El Gobierno no confrontó con Bullrich por el video y, por el contrario, eligió absorber el golpe y presentarlo como una cuestión menor.

El problema está detrás de la canción

La controversia, sin embargo, no desaparece porque el Gobierno decida minimizarla. El verdadero problema para el oficialismo está en otro lugar: cómo procesar las diferencias dentro de un espacio que necesita sostener cohesión parlamentaria para avanzar con su agenda.

Los cambios propuestos en discapacidad son especialmente sensibles porque afectan una legislación que ya había provocado fuertes enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso. Entre las modificaciones contempladas en el Presupuesto aparece la eliminación del mecanismo de actualización mensual de los pagos a prestadores establecido por la legislación vigente. El debate volvió a complicar las negociaciones del oficialismo con sectores aliados y quedó abierto en las comisiones de Diputados.

En ese escenario, Bullrich quedó colocada en una posición particular. No rompió con el Gobierno ni anunció una construcción política alternativa, pero sí hizo visibles diferencias que hasta ahora se procesaban mayormente puertas adentro. La discusión sobre discapacidad, sus cuestionamientos a la política económica y ahora el sugestivo video con una canción de Lali forman parte de una misma secuencia de diferenciación.

Las repercusiones, además, terminaron desplazando durante buena parte de la conversación pública el contenido concreto del reclamo original. El video se convirtió en noticia y la discusión sobre la canción ocupó espacio que inicialmente correspondía al debate sobre el Presupuesto y la discapacidad. Ese efecto también forma parte de la política contemporánea: una publicación breve en redes puede convertirse en un instrumento para instalar una posición, tensionar una relación o simplemente demostrar que una dirigente conserva margen propio.

La incógnita que queda abierta no es, entonces, si Bullrich realmente quiso enviarle un mensaje a Milei a través de Lali. Eso no fue explicitado por la senadora y pertenece al terreno de las interpretaciones. La cuestión políticamente relevante es otra: cuánto espacio tendrá dentro de La Libertad Avanza para expresar diferencias sin que esas diferencias terminen convirtiéndose en una disputa por el liderazgo del oficialismo.

Por ahora, la Casa Rosada eligió bajar la espuma. Bullrich, en cambio, ya dejó claro que pretende tener voz propia en las discusiones sensibles. Y mientras el Gobierno busca cerrar filas alrededor del Presupuesto 2027, la canción que apareció en un despacho del Senado terminó funcionando como el inesperado telón de fondo de una discusión mucho más seria sobre poder, autonomía y conducción política.