La ONU advierte que el planeta superará en los próximos años el umbral de 1,5 °C fijado por el Acuerdo de París. El desafío ya no es solamente impedir que se cruce esa barrera, sino reducir al mínimo el tiempo que la temperatura permanezca por encima y evitar que el calentamiento avance hacia niveles mucho más peligrosos
Durante años, el 1,5 °C fue presentado como una frontera que la humanidad debía evitar para limitar los efectos más graves del cambio climático. Ahora, Naciones Unidas reconoce que ese objetivo está a punto de quedar atrás y plantea una nueva etapa de la crisis climática: prepararse para un sobrecalentamiento temporal y, al mismo tiempo, hacer todo lo posible para que sea breve y lo menos intenso posible.
Un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) sostiene que el mundo está encaminado a superar los 1,5 °C en los próximos años incluso bajo escenarios de reducción de emisiones. Sin embargo, el organismo remarca que cruzar el umbral no significa que todo esté perdido: todavía existe la posibilidad de limitar el exceso de temperatura, adaptarse a sus consecuencias y, eventualmente, regresar por debajo de ese nivel.
La diferencia es importante. El objetivo establecido en el Acuerdo de París no supone que cada día o cada año la temperatura global deba permanecer por debajo de 1,5 °C. Se trata de un promedio de largo plazo respecto de la era preindustrial. Por eso, que un mes o incluso un año supere ese valor no significa por sí mismo que el acuerdo haya sido definitivamente incumplido. El problema aparece cuando ese calentamiento se consolida durante períodos prolongados.
Un límite que pierde margen
La evidencia reciente muestra hasta qué punto se estrechó ese margen. Agosto de 2026 terminó empatado con julio de 2023 como el mes más cálido desde que existen registros, con una temperatura media global de 16,96 °C, equivalente a 1,65 °C por encima del período preindustrial.
Ese registro no debe confundirse con el umbral de largo plazo del Acuerdo de París, pero funciona como una señal de la tendencia. El planeta atraviesa una sucesión de temperaturas excepcionalmente altas, mientras las olas de calor, incendios, sequías, inundaciones y otros fenómenos extremos adquieren mayor frecuencia o intensidad en distintas regiones.
La propia ONU advierte que cada fracción adicional de calentamiento tiene consecuencias. Cuanto mayor sea el exceso y cuanto más tiempo permanezca, mayores serán los riesgos para los ecosistemas, la disponibilidad de agua y alimentos, las ciudades y las poblaciones expuestas a fenómenos meteorológicos extremos.
La discusión cambia de escenario
El nuevo escenario obliga a modificar también la conversación política. Durante décadas, buena parte de las negociaciones internacionales estuvieron concentradas en impedir que el planeta superara los 1,5 °C. Ahora, con ese objetivo cada vez más difícil de sostener, la discusión incorpora otra pregunta: cuánto más puede subir la temperatura y durante cuánto tiempo permanecerá la Tierra por encima del límite.
La respuesta depende, en buena medida, de la velocidad con que se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero. El informe de Naciones Unidas insiste en que una acción rápida todavía puede evitar escenarios de calentamiento mucho mayores y disminuir el período de sobrepasamiento.
También cobra importancia la adaptación. Incluso con una reducción drástica de las emisiones, parte del calentamiento ya generado continuará afectando al planeta durante las próximas décadas. Ciudades, sistemas productivos, infraestructura y servicios deberán prepararse para condiciones climáticas que ya no son excepcionales.
El problema, entonces, dejó de ser solamente una cifra en los informes científicos. El aumento de la temperatura tiene una traducción económica, social y política cada vez más concreta: pérdidas agrícolas, daños en infraestructura, presión sobre el agua, mayores riesgos sanitarios y desplazamientos de población.
El cruce del umbral de 1,5 °C no representa un punto de no retorno instantáneo ni significa que todos los efectos más graves sean inevitables. Pero sí marca un cambio de época. La cuestión ya no es únicamente si el mundo logrará mantenerse dentro de una frontera climática, sino cuánto daño puede evitar todavía y qué tan rápido será capaz de cambiar el rumbo.

























Deja una respuesta