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Récord histórico del agro fortalece el peso de Santa Fe en la economía productiva

La campaña agrícola 2025/26 terminó con una cifra histórica para el campo argentino: 169,2 millones de toneladas de granos, un 21% más que en el ciclo anterior. El récord fue impulsado principalmente por las producciones de trigo y maíz, que alcanzaron máximos históricos, y por el fuerte desempeño del girasol. Para Santa Fe, uno de los principales territorios agrícolas y agroindustriales del país, el resultado tiene una importancia que excede ampliamente al sector rural.

El volumen cosechado vuelve a poner en evidencia el peso estratégico de la provincia dentro de la cadena agroindustrial argentina. Desde la producción primaria hasta la industrialización, el transporte y la salida exportadora por los puertos del Gran Rosario, una parte decisiva de la riqueza generada por el campo atraviesa territorio santafesino.

El desafío ahora será convertir ese volumen extraordinario en mayor actividad económica, inversiones y generación de valor, en un contexto en el que los márgenes de los productores todavía permanecen ajustados.

Trigo y maíz marcaron nuevos récords

El trigo alcanzó una producción de 27,9 millones de toneladas, mientras que el maíz llegó a 71,5 millones. Ambos cultivos cerraron la campaña en niveles históricos y fueron determinantes para que el volumen total de granos superara ampliamente el registrado durante el ciclo anterior.

La soja, en cambio, tuvo un comportamiento diferente. La producción llegó a 49,5 millones de toneladas, un 3,1% menos que en la campaña anterior. Sin embargo, los rindes se ubicaron por encima del promedio de la última década y permitieron compensar parcialmente la menor superficie sembrada.

Para Santa Fe, donde conviven una fuerte producción agrícola y una de las mayores concentraciones de infraestructura agroindustrial del país, estos números repercuten en múltiples eslabones de la economía provincial.

El Gran Rosario, pieza clave

La importancia santafesina no se explica solamente por las hectáreas sembradas. La región del Gran Rosario concentra una infraestructura industrial y portuaria fundamental para transformar y exportar la producción agrícola argentina.

El mayor volumen cosechado significa más movimiento de camiones, ferrocarriles, plantas de procesamiento, puertos, servicios logísticos y actividades vinculadas al comercio exterior. También incrementa la demanda sobre una infraestructura que necesita inversiones permanentes para acompañar el crecimiento de la producción.

En ese punto aparece uno de los grandes desafíos para la provincia: lograr que el récord productivo no encuentre como límite una logística insuficiente o costos de transporte que reduzcan la competitividad de las cadenas agroindustriales.

Más exportaciones y más divisas

El récord productivo ya comenzó a reflejarse en el frente externo. Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones agroindustriales crecieron un 16% interanual y alcanzaron los 19.239 millones de dólares, impulsadas principalmente por un aumento de los volúmenes comercializados.

El maíz ganó protagonismo internacional y amplió sus mercados, favorecido especialmente por una mayor demanda de China. La soja, mientras tanto, continúa siendo el complejo con mayor aporte en valor a las exportaciones argentinas, aunque enfrenta una competencia creciente de Brasil en el mercado de harina.

Para Santa Fe, esta dinámica tiene una incidencia directa. La provincia no sólo produce granos: concentra buena parte de las actividades de industrialización y comercialización que permiten transformar esa producción en exportaciones y divisas.

El récord no significa rentabilidad récord

El dato de producción tiene una contracara que también merece atención. El incremento del volumen cosechado no se traduce automáticamente en una mejora equivalente de los ingresos de los productores.

Los márgenes de explotación agropecuaria promedian alrededor del 20% durante 2026, una mejora de 1,5 puntos porcentuales respecto de 2025, pero todavía lejos de los niveles registrados en 2022 y 2023.

Entre los factores que contribuyeron a aliviar parcialmente los costos aparece la caída del precio de la urea, que entre mayo y julio pasó de unos 1.000 dólares a 550 dólares por tonelada. También la reducción gradual de los derechos de exportación mejora el escenario, aunque los costos logísticos, energéticos y operativos continúan condicionando la rentabilidad.

La apuesta por agregar valor

Otro dato relevante para Santa Fe es el avance de inversiones destinadas a industrializar la producción. Según el informe de IES Consultores, existen proyectos vinculados con la molienda de soja y girasol por más de 900 millones de dólares.

La apuesta es significativa porque permite capturar una mayor proporción del valor generado por cada tonelada producida. Para una provincia con un fuerte entramado agroindustrial, ese proceso puede traducirse en más actividad industrial, empleo y exportaciones con mayor valor agregado.

La discusión, por lo tanto, no pasa solamente por cuánto produce el campo argentino, sino por cuánto de esa riqueza logra permanecer dentro del territorio a través de la industrialización.

El próximo desafío para el agro santafesino

El récord de 169,2 millones de toneladas deja una señal contundente sobre la capacidad productiva argentina. Pero repetir una cifra semejante no será sencillo: las proyecciones para la campaña 2026/27 anticipan una cierta normalización, especialmente en trigo y maíz, después de rendimientos excepcionalmente altos.

Para Santa Fe, el desafío será aprovechar el impulso de esta campaña para fortalecer toda la cadena. Más producción necesita mejores caminos, rutas y ferrocarriles; más exportaciones requieren puertos eficientes; y una mayor cosecha necesita capacidad industrial y logística suficiente.

El récord agrícola, entonces, es una oportunidad pero también una advertencia. La provincia cuenta con una posición privilegiada dentro del mapa productivo argentino, pero para transformar toneladas en desarrollo económico sostenido necesita que la infraestructura, la industria y las condiciones de competitividad acompañen al campo.

La cosecha histórica demuestra que producir es posible. El verdadero desafío ahora es agregar valor, reducir costos y conseguir que una mayor parte de esa riqueza se transforme en desarrollo para Santa Fe.