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Rosario abre el debate por los autos eléctricos: taxis, cargadores y una infraestructura que todavía debe crecer

Rosario comenzó a dar pasos concretos hacia la electromovilidad. La modificación de la ordenanza que regula el servicio de taxis habilitó la incorporación de vehículos eléctricos y otras tecnologías de energías alternativas, una decisión que actualiza un marco normativo que llevaba décadas sin contemplar este tipo de unidades.

La medida abre la puerta a una renovación gradual de la flota y plantea una alternativa frente a los altos costos de combustible y mantenimiento que enfrentan los titulares de licencias. Para un taxi, que recorre decenas de kilómetros durante una jornada laboral, el ahorro operativo puede ser significativo. Pero la discusión no termina en el precio del vehículo ni en la posibilidad de circular sin emisiones directas.

El gran interrogante: dónde cargar

El principal desafío para que los autos eléctricos se conviertan en una alternativa real en Rosario es la infraestructura de carga. La ciudad cuenta con algunos cargadores instalados en estaciones de servicio, concesionarias, dependencias públicas y espacios privados, pero la red todavía es limitada para sostener una incorporación masiva de vehículos.

En el caso de los taxis, la cuestión resulta todavía más sensible. Un auto particular puede permanecer varias horas conectado durante la noche en una cochera, pero un vehículo destinado al servicio público necesita contar con puntos de recarga durante el día, equipos confiables y tiempos de espera que no impliquen perder una parte importante de la jornada laboral.

La instalación de cargadores rápidos, además, requiere potencia eléctrica disponible. Desde el sector energético y de las estaciones de servicio advierten que no todos los puntos de la ciudad cuentan con la capacidad necesaria para sumar este tipo de equipos sin realizar previamente obras de adecuación en la red.

Una transición que no puede quedar reservada para pocos

La electromovilidad promete menor contaminación sonora, reducción de emisiones y un ahorro considerable en el uso cotidiano. Sin embargo, el acceso a esta tecnología todavía depende de una inversión inicial elevada y de condiciones que no están al alcance de todos: disponer de cochera, poder instalar un cargador domiciliario y contar con una red pública cercana.

Por eso, la incorporación de taxis eléctricos no debería pensarse solamente como una novedad tecnológica. También obliga a discutir incentivos, créditos, tarifas especiales para la carga, beneficios impositivos y políticas públicas que permitan que la transición no quede limitada a quienes tienen mayor capacidad económica.

La expansión de la red de cargadores en espacios públicos, estacionamientos, centros comerciales, corredores viales y zonas estratégicas aparece como una condición indispensable. También será necesario coordinar con la Empresa Provincial de la Energía las inversiones necesarias para acompañar una demanda que, aunque todavía incipiente, puede crecer con rapidez en los próximos años.

Del anuncio a la calle

La habilitación de vehículos eléctricos para taxis marca un cambio importante en el debate sobre el transporte urbano rosarino. Pero entre la aprobación de una ordenanza y una flota eléctrica circulando de manera cotidiana hay un camino que requiere planificación, inversión y acuerdos entre el Estado, las empresas energéticas, el sector automotor y los trabajadores del transporte.

Rosario ya abrió la puerta a los autos eléctricos. Ahora deberá resolver si cuenta con las condiciones necesarias para que esa transformación llegue efectivamente a las calles o si, por el contrario, queda como una posibilidad reservada para unos pocos.