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León XIV lanzó una advertencia global sobre la inteligencia artificial: pidió “desarmarla” y alertó sobre nuevas formas de esclavitud

En un gesto inusual por su contundencia y por el tema abordado, León XIV eligió dedicar la primera encíclica de su pontificado al avance de la inteligencia artificial y sus consecuencias sobre el futuro de la humanidad. El documento, titulado Magnifica Humanitas, fue presentado este lunes en el Vaticano con una advertencia central: la IA debe ser “desarmada” antes de que termine por dominar a las personas y profundizar nuevas formas de explotación.

“La palabra es fuerte, lo sé, pero ha sido elegida deliberadamente”, sostuvo el pontífice al explicar el uso del término “desarmar” para referirse a la inteligencia artificial. El Papa alertó sobre una carrera tecnológica que, según planteó, amenaza con reducir la dignidad humana a datos, automatizar la violencia y consolidar un sistema global controlado por grandes corporaciones tecnológicas.

Una encíclica sobre el futuro tecnológico

Aunque las encíclicas son tradicionalmente cartas dirigidas a los obispos católicos, desde hace décadas funcionan también como mensajes políticos y morales dirigidos al mundo. En este caso, León XIV colocó a la inteligencia artificial en el centro de una discusión ética global.

A lo largo de más de 130 páginas, el documento denuncia que la IA “no puede ser considerada moralmente neutra” y cuestiona el poder concentrado de las plataformas tecnológicas y las empresas que controlan datos, infraestructuras y sistemas digitales.

El Papa también criticó el concepto de “guerra justa” en tiempos de automatización militar. Según señaló, el uso de inteligencia artificial en armamentos reduce el control humano sobre las decisiones bélicas y acelera los conflictos al transformar la defensa en predicción algorítmica de amenazas.

“Ningún algoritmo puede hacer moralmente aceptable una guerra”, afirmó el pontífice.

La publicación de Magnifica Humanitas también fue leída en el Vaticano como un gesto cargado de simbolismo histórico. A más de un siglo de Rerum Novarum —el histórico documento con el que León XIII intervino en los conflictos sociales abiertos por la Revolución Industrial—, León XIV vuelve a colocar a la Iglesia frente a una transformación tecnológica que redefine el trabajo, el poder y la vida humana. Si aquella encíclica de 1891 abordó las consecuencias del capitalismo industrial y la explotación obrera, la nueva carta papal busca posicionarse ante los dilemas éticos de una revolución digital impulsada por algoritmos, automatización y concentración tecnológica.

El fantasma de las “nuevas esclavitudes digitales”

Uno de los ejes más duros del texto es la comparación entre la expansión de la IA y antiguas formas de esclavitud. León XIV pidió perdón en nombre de la Iglesia Católica por el rol histórico de la institución en el comercio esclavista y trazó un paralelo con las actuales cadenas de explotación vinculadas a la producción tecnológica.

El documento denuncia las “nuevas esclavitudes digitales”, desde la extracción de minerales estratégicos hasta las condiciones laborales detrás de la fabricación de dispositivos y sistemas de IA.

“En algunas regiones del mundo, adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas para obtener tierras raras esenciales para la tecnología moderna”, advirtió.

Además, el Papa alertó sobre el riesgo de un “colonialismo digital”, donde un pequeño grupo de países y corporaciones concentran el desarrollo tecnológico mientras amplias regiones del planeta quedan relegadas o subordinadas.

Anthropic pidió supervisión externa para la industria

La presentación de la encíclica incluyó otro dato significativo: junto al Papa estuvo Christopher Olah, cofundador de Anthropic, una de las compañías líderes en el desarrollo de inteligencia artificial avanzada.

Durante su intervención, Olah sorprendió al admitir que incluso los laboratorios de IA más importantes operan bajo incentivos comerciales, geopolíticos y personales que muchas veces “entran en conflicto con hacer lo correcto”.

El empresario sostuvo que la autorregulación de las empresas tecnológicas ya no resulta suficiente y pidió explícitamente que gobiernos, universidades, organizaciones civiles e instituciones religiosas actúen como “críticos externos” capaces de supervisar a la industria.

“Las preguntas que plantea la IA son más grandes que la propia comunidad tecnológica”, afirmó.

Sus declaraciones fueron interpretadas como una admisión pública de que las compañías que lideran el desarrollo de inteligencia artificial no confían plenamente en su capacidad para controlar los efectos de la tecnología que están construyendo.

Un debate que deja de ser técnico

La irrupción del Vaticano en la discusión sobre inteligencia artificial modifica el alcance del debate global. Hasta ahora, las principales discusiones sobre regulación habían quedado en manos de gobiernos, organismos internacionales y empresas tecnológicas.

Con Iglesia Católica interviniendo directamente sobre el tema, la discusión adquiere una dimensión moral y filosófica que trasciende lo técnico.

La encíclica también deja abierta una incógnita: si las advertencias llegarán a tiempo frente a un desarrollo tecnológico que avanza mucho más rápido que los marcos regulatorios y políticos capaces de limitarlo.

El antecedente más cercano es el de Francisco y su encíclica ambiental Laudato Si’. Años después de aquel llamado urgente sobre el cambio climático, el propio Vaticano reconoció que las respuestas internacionales fueron insuficientes.

Ahora, León XIV parece advertir que la humanidad podría enfrentar un escenario similar, pero acelerado por máquinas capaces de intervenir sobre el trabajo, la política, la guerra y hasta la propia idea de lo humano.