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El acuerdo firmado en la Casa Blanca establece controles internos, auditorías independientes y supervisión de los modelos más avanzados, pero no tiene fuerza de ley. El pacto llega mientras crecen las advertencias sobre riesgos de seguridad y el gobierno de Donald Trump busca acelerar el desarrollo tecnológico estadounidense en lugar de imponerle límites que puedan frenar su expansión