El glaciar perdió 910 metros de frente en apenas cien días y superó el récord de retracción registrado en 1899. El cambio no responde a una sola causa: el calentamiento, la pérdida de espesor y una modificación en el sostén natural bajo el hielo se combinan para alterar el comportamiento de uno de los grandes símbolos de la Patagonia
Durante décadas, el Perito Moreno fue una rareza entre los grandes glaciares patagónicos. Mientras buena parte de las masas de hielo de la región retrocedían, este glaciar mantenía una relativa estabilidad y llegó a convertirse en una de las imágenes más reconocibles de la Argentina. Ese equilibrio comenzó a quebrarse en los últimos años y ahora aparece una señal difícil de ignorar: entre el 24 de febrero y el 4 de junio de 2026, su frente se alejó 910 metros de la península de Magallanes.
El registro supera ampliamente los 750 metros de retroceso documentados en 1899 y constituye la mayor retracción conocida del frente del glaciar. Pero más importante que el récord en sí es la velocidad con la que se produjo: apenas cien días.
El monitoreo realizado mediante vuelos periódicos con drones por Glaciarium y la Intendencia del Parque Nacional Los Glaciares permitió seguir con un nivel de detalle inédito la transformación del hielo. Los datos muestran además que entre noviembre de 2025 y junio de 2026 el Perito Moreno perdió 1,46 kilómetros cuadrados de superficie. Esa cifra representa alrededor del 44% de toda la superficie que había perdido desde 2018.
La excepción patagónica dejó de serlo
El valor de estos datos se entiende mejor al mirar hacia atrás. Entre 1999 y 2013, la posición del frente del Perito Moreno había variado menos de 50 metros. Esa estabilidad ayudó a convertirlo en una excepción dentro de una Patagonia marcada por el retroceso de numerosos glaciares.
El cambio comenzó a hacerse evidente alrededor de 2018. Desde entonces aumentaron el adelgazamiento del hielo, la pérdida de superficie y la velocidad de desplazamiento en las zonas próximas al frente. Estudios recientes estimaron que el descenso de la superficie frontal pasó de unos 0,34 metros anuales entre 2000 y 2019 a hasta 5,5 metros por año entre 2019 y 2024.
Otro estudio publicado este año encontró una pérdida promedio de espesor de 2,7 metros por año en el sector terminal durante el período 2015-2023 y vinculó la aceleración reciente con el calentamiento atmosférico y condiciones de sequía que favorecieron el retroceso del frente.
La fotografía actual, entonces, no es la de un fenómeno repentino aislado. El récord de 2026 aparece como la aceleración de un proceso que ya venía modificando el comportamiento del glaciar.
El clima no explica todo
Hay una particularidad fundamental para entender lo que está ocurriendo. El retroceso del Perito Moreno no puede atribuirse exclusivamente a la temperatura.
El glaciar termina en el lago Argentino y su comportamiento depende también de la profundidad del agua y de la forma del terreno que existe debajo del hielo. Durante décadas, una formación rocosa submarina funcionó como un punto de apoyo natural que ayudó a contener el frente. Al perder ese contacto, el hielo quedó expuesto a una dinámica diferente y comenzó a retroceder con mayor velocidad.
La topografía subglacial es, por eso, una pieza central del rompecabezas. Los estudios identificaron una cresta bajo el hielo que durante años ayudó a sostener el frente, mientras que una morrena ubicada en el Canal de los Témpanos también condiciona la circulación del agua alrededor de la masa glaciar.
Es la combinación de esos factores físicos con las condiciones climáticas la que permite explicar por qué un glaciar que durante décadas mostró una estabilidad excepcional comenzó a retroceder con semejante velocidad.
Una señal que excede al turismo
El Perito Moreno recibe entre 500.000 y 700.000 visitantes cada año y constituye uno de los principales atractivos turísticos de la Patagonia. Su transformación, por lo tanto, también tiene una dimensión económica y territorial.
Pero reducir el problema al impacto sobre el paisaje sería quedarse en la superficie. Los glaciares forman parte de sistemas hídricos fundamentales y almacenan enormes cantidades de agua dulce. Su evolución funciona además como uno de los indicadores más visibles de las modificaciones que atraviesan los ambientes de montaña.
El Perito Moreno no es un termómetro perfecto del cambio climático: su dinámica depende de múltiples variables locales. Precisamente por eso, lo que está ocurriendo resulta científicamente relevante. Un glaciar que durante décadas logró mantener un equilibrio particular está mostrando ahora que ese equilibrio también tenía límites.
El interrogante ya no es si el Perito Moreno retrocedió. Los datos son contundentes. La pregunta es cuánto tiempo continuará esta nueva dinámica y hasta dónde llegará.
Los investigadores advierten que, si el hielo no encuentra otro punto de apoyo, el retroceso podría mantenerse marcado durante los próximos años. No significa que pueda establecerse hoy una trayectoria definitiva, pero sí que el glaciar ingresó en una etapa diferente de su historia.
El récord de 910 metros es, en definitiva, más que una cifra llamativa. Es la evidencia de que uno de los glaciares que durante décadas parecía desafiar la tendencia regional comenzó a comportarse de otra manera. Y esa transformación obliga a mirar al Perito Moreno no solamente como un paisaje emblemático, sino también como un sistema natural que está cambiando delante de nuestros ojos.

























Deja una respuesta