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La inflación baja, pero el bolsillo no afloja y crece el hartazgo con Milei

La inflación de agosto entregó al Gobierno de Javier Milei uno de esos datos que permiten levantar el pulgar: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una suba del 1,7%, la menor en 14 meses. El dato confirma una desaceleración respecto del 2,1% de julio y lleva la variación acumulada en los primeros ocho meses del año al 21,3%, mientras que la interanual quedó en 33,5%.

Pero hay otra parte de la fotografía económica que resulta bastante menos tranquilizadora. Aunque los precios aumentan a un ritmo menor, el costo de vivir sigue siendo extraordinariamente elevado, la pérdida del poder adquisitivo no se detiene y el malestar empieza a reflejarse con mayor claridad en las respuestas de los hogares.

Según los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), una familia de cuatro integrantes necesitó en agosto más de $1,6 millones mensuales para no caer por debajo de la línea de pobreza, mientras que requirió algo más de $700.000 para cubrir la canasta básica alimentaria y no ser considerada indigente.

Es decir, la desaceleración de los precios no equivale todavía a una recuperación del poder adquisitivo. Los precios pueden subir menos que antes y, al mismo tiempo, permanecer en niveles que resultan difíciles de afrontar para buena parte de los ingresos familiares. Prueba de ello es el extraordinario nivel de endeudamiento que afecta millones de familias que recurren al crédito usurario para poder llegar a fin de mes.

La inflación de agosto entregó al Gobierno de Javier Milei uno de esos datos que permiten levantar el pulgar: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una suba del 1,7%, la menor en 14 meses. El dato confirma una desaceleración respecto del 2,1% de julio y lleva la variación acumulada en los primeros ocho meses del año al 21,3%, mientras que la interanual quedó en 33,5%.

Pero hay otra parte de la fotografía económica que resulta bastante menos tranquilizadora. Aunque los precios aumentan a un ritmo menor, el costo de vivir sigue siendo extraordinariamente elevado, y el malestar empieza a reflejarse con mayor claridad en las respuestas de los hogares.

Según los datos difundidos por el INDEC, una familia de cuatro integrantes necesitó en agosto más de $1,6 millones mensuales para no caer por debajo de la línea de pobreza, mientras que requirió algo más de $700.000 para cubrir la canasta básica alimentaria y no ser considerada indigente.

Es decir, la desaceleración de los precios no equivale todavía a una recuperación del poder adquisitivo. Los precios pueden subir menos que antes y, al mismo tiempo, permanecer en niveles que resultan difíciles de afrontar para buena parte de los ingresos familiares.

Una inflación que baja, pero no todos sienten el alivio

El 1,7% de agosto es, objetivamente, un dato favorable en materia inflacionaria. Después de años de fuertes aumentos, una reducción sostenida de la velocidad con la que suben los precios resulta relevante para cualquier economía.

Sin embargo, el detalle de la medición muestra que algunos de los gastos más difíciles de evitar continuaron aumentando por encima del nivel general. La división de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles fue la que más subió, con un 2,8%, mientras que Educación aumentó 2,5%.

Los alimentos y bebidas no alcohólicas, por su parte, registraron una suba del 1,7% y fueron el rubro con mayor incidencia en la variación mensual en las distintas regiones. Los incrementos estuvieron impulsados, entre otros productos, por verduras, tubérculos y legumbres, frutas, pan y cereales.

La paradoja queda así expuesta: la inflación desacelera, pero el presupuesto familiar sigue bajo presión.

El otro indicador que preocupa a la Casa Rosada

El problema para el Gobierno es que esa diferencia entre la evolución de los índices y la experiencia cotidiana aparece también en las encuestas.

Un relevamiento de QSocial Big Data registró el peor clima social desde el comienzo de la serie QMonitor. El 55% evaluó negativamente la situación actual del país, seis puntos más que en la medición anterior.

Pero el dato más significativo para la gestión libertaria aparece cuando se pregunta cómo está la Argentina en comparación con diciembre de 2023: el 59% considera que el país está peor desde que Milei llegó a la Casa Rosada, el porcentaje más alto registrado hasta ahora por esa medición.

El sondeo fue realizado entre el 7 y el 26 de agosto sobre 1.645 casos, con un margen de error de +/- 2,4%.

Y cuando la encuesta abandona las grandes variables macroeconómicas para preguntar qué ocurre puertas adentro de los hogares, el panorama se vuelve todavía más contundente.

El 75% afirma que tuvo que recortar gastos para llegar a fin de mes y el 60% dice que no tiene capacidad de ahorro. Además, el 44% asegura que sus ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas y el 63% considera que, con el rumbo económico actual, “gente como uno” sale perdiendo.

La percepción tampoco es particularmente optimista hacia adelante: el 47% espera que la inflación aumente durante los próximos meses y el 36% considera probable perder su empleo en los siguientes seis meses.

El desencanto también alcanza a los propios votantes de Milei

Hay otro dato de la encuesta que puede resultar especialmente incómodo para el oficialismo: el malestar no se limita a quienes nunca acompañaron al Presidente.

Según QSocial Big Data, el 31% de quienes votaron a Milei en la primera vuelta de 2023 desaprueba actualmente su gestión. De acuerdo con la consultora, ese grupo representa alrededor del 12% del electorado.

Entre esos votantes desencantados, el 91% considera que Milei perjudica a los sectores más vulnerables y el 89% sostiene que el ajuste aplicado por el Gobierno “no valió la pena”.

Así, mientras la Casa Rosada puede exhibir una inflación mensual del 1,7% como uno de sus principales resultados económicos, otros indicadores cuentan una historia bastante más incómoda: familias que recortan consumos, hogares sin capacidad de ahorro, ingresos que no alcanzan para cubrir las necesidades básicas y una creciente cantidad de ciudadanos que siente que está peor que antes.

La inflación, finalmente, puede estar bajando de velocidad. Lo que todavía no aparece con la misma claridad es el alivio en el bolsillo. Y esa distancia entre la macroeconomía que celebra el Gobierno y la economía cotidiana que padecen los hogares puede convertirse en uno de los principales problemas políticos de Milei de cara a 2027.