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Noruega limita la inteligencia artificial en las primarias y apuesta otra vez por los libros impresos

Noruega, uno de los países que más temprano y más profundamente digitalizó sus escuelas, decidió poner un freno. A partir del próximo ciclo lectivo, los estudiantes de primero a séptimo grado —entre 6 y 13 años— no podrán utilizar, como regla general, herramientas de inteligencia artificial generativa en las aulas. La medida no supone una cruzada contra la tecnología, sino una revisión de su uso: el gobierno considera que, en las edades iniciales, delegar tareas en un algoritmo puede hacer que los chicos salteen pasos esenciales para aprender a leer, escribir, resolver problemas y construir pensamiento crítico.

Tecnología sí, pero según la edad

El esquema noruego plantea una incorporación gradual. Entre los 14 y 16 años, la IA podrá utilizarse de forma acotada y bajo supervisión docente; en la secundaria superior, entre los 17 y 19, se buscará enseñar un uso responsable de estas herramientas como preparación para la universidad y el trabajo. La diferencia parece sencilla, pero es de fondo: no se trata de negar que la inteligencia artificial ya forma parte del mundo cotidiano, sino de discutir cuándo puede ser una herramienta y cuándo se convierte en un atajo que reemplaza el esfuerzo de aprender.

El regreso del papel no es nostalgia

En paralelo, el gobierno anunció que impulsará una ley para financiar más libros impresos en las escuelas y reducir la dependencia de tabletas. Noruega había avanzado desde los años 90 en la incorporación de computadoras al aula y, desde 2010, en el reemplazo progresivo de libros y escritura manuscrita por dispositivos digitales. Ahora, frente a la caída de indicadores educativos básicos, el país revisa aquella promesa de que más pantallas equivalían automáticamente a una mejor educación.

La decisión abre un debate que también atraviesa a la Argentina: la discusión no debería reducirse a elegir entre libro o pantalla, ni entre prohibición o fascinación tecnológica. La pregunta más incómoda es qué tipo de aprendizaje se quiere defender. Un chatbot puede explicar, resumir o ayudar a buscar información, pero no puede reemplazar la práctica de leer con atención, escribir una idea propia, equivocarse, corregir y sostener un razonamiento. En tiempos de respuestas instantáneas, Noruega propone recuperar algo menos espectacular, aunque bastante más decisivo: que aprender siga siendo un proceso y no apenas un resultado.