En el acto central por el Día de la Bandera, el gobernador pidió que los recursos aportados por la provincia regresen en infraestructura productiva. También defendió la inversión estatal y volvió a poner la reducción de los homicidios en Rosario como uno de los principales activos de su administración
Ante el presidente Javier Milei, el intendente Pablo Javkin y una multitud reunida frente al Monumento Nacional a la Bandera, el gobernador Maximiliano Pullaro buscó combinar una apelación federal con un mensaje de gestión. Reivindicó a Manuel Belgrano como figura ligada a la educación, la igualdad y el desarrollo, y reclamó que la Nación devuelva en obras parte de los recursos que genera Santa Fe. El planteo tuvo un destinatario político evidente: un Gobierno nacional que sostiene el ajuste de la obra pública y al que la Provincia le demanda infraestructura para sostener la producción, la logística y la competitividad del interior.
Seguridad, la carta más fuerte
Pullaro aseguró que los homicidios en Rosario bajaron un 64% en los últimos dos años y atribuyó ese resultado a la coordinación entre Nación, Provincia y Municipio. La mejora en los indicadores es un dato central para una ciudad que atravesó una de las peores crisis de violencia de su historia reciente, aunque el desafío sigue siendo que esa recuperación no quede reducida a una foto estadística: la consolidación de la paz requiere sostener recursos, presencia territorial, investigación criminal y políticas sociales en los barrios más golpeados.
Obras, transparencia y un reclamo pendiente
El gobernador afirmó que hay 1.840 obras en marcha y sostuvo que en dos años se invirtió un monto equivalente al ejecutado durante los ocho años previos. También defendió que la obra pública provincial se realiza con menores costos, transparencia y sin corrupción, una definición que funciona como contraste con las críticas que históricamente rodearon a ese sector. Sin embargo, el reclamo por infraestructura vuelve a mostrar una tensión de fondo: Santa Fe aporta divisas, producción e impuestos, pero sigue dependiendo de decisiones nacionales para obras estratégicas en rutas, puertos, energía y transporte. La discusión, más allá de los discursos patrióticos, es cuánto federalismo real está dispuesto a aceptar el poder central.

























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